Teología de exaltación del pasado.

“¿Pero pastor, usted no reconoce el pasado?” Sí reconozco lo que pasó, pero lo que viene siempre es mejor. Siempre la fe te hace mirar para adelante.

Si hay un momento que miramos el pasado, es para aprender de él, cerrarlo y decir: “Voy de gloria en gloria y lo que viene va a ser mejor.”

Cuando llegó el avivamiento en Hechos, los apóstoles no hicieron una asamblea de recordación del pasado ni un festejo de aniversario. Salomón dice: Nunca digas que el pasado es mejor porque lo que viene siempre será mejor, más grande y poderoso.

El tratar de revolver siempre el pasado nos trajo misoneísmo. Misoneísmo es miedo a lo nuevo. Como siempre amamos el pasado y nos movimos por información, “todo lo nuevo era peligroso.” Cuando salieron las computadoras los primeros en decir que eran satánicas fuimos los cristianos.

Todo era del diablo: los dibujitos de los Pitufos, la música (Pimpinela, Xuxa); la ropa, por ejemplo las camisas con cuello Mao: decían que no se podían usar porque los hindúes las usaban para adorar y traían opresión. Los primeros en criticar la invención de la radio también fueron los cristianos; cuando los hermanos Wright, que eran cristianos, inventaron los aviones, los primeros en oponerse fueron sus pastores diciendo que “si Dios hubiera querido que el hombre volara le hubiera dado alas.” ¡Todo lo nuevo era peligroso!

Todo lo creado pertenece a la iglesia, y debemos redimir toda las cosas, todo lo que pisamos es nuestro, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo y vamos a disfrutar de todo lo que Dios puso en nuestras manos.

El legalista dice: “Si no es así, entonces es lo opuesto”, porque siempre se va al extremo. Y libertad no es libertinaje.

Pablo le escribe a los Gálatas: “Ustedes son libres, tengan cuidado con los judaizantes porque mandaron a espiar su libertad”.

Hay gente que no quiere que seas libre, y mientras estés en el legalismo siempre habrá quien te manipule y te diga qué tenes que hacer y cómo agradar a Dios. Te dirán: “El que se va de esta iglesia, como el hijo pródigo, entre los cerdos va a revolcarse y juicio de Dios caerá. Váyase.” Ante esa maldición, entonces por miedo no te vas y decís: “No me voy, me quedo acá, porque si me voy el diablo me va a reventar.” Manipulación.

Teología escapista.

  • “Nos vamos para el cielo”, “Seremos levantados con poder, para la nueva Jerusalén.” Veía un cancionero que cantábamos cuando era chico, y una canción decía: “Un día sí, quiero partir, un día sí, quiero llegar; un día sí, quiero partir para mi hogar”, que traducido quiere decir: “Me quiero morir, yo me quiero morir, y me voy para mi hogar.”

Otra canción decía: “Mi Señor, ves que soy apenas barro sin valor,/ de nada soy merecedor ¿por qué confiar en mí?/ En mi vida no hay nada que se pueda aprovechar,/ ¿Por qué pensar en mí? /Coro / Otros hay antes que yo que pueden servir mejor, / Y otros hay para elegir, ¿por qué pensar en mí?”…

Había que “aguantar” aquí en la Tierra, hasta irnos con Él al cielo.

Teología de la exaltación de la pobreza.

  • “Jesús era pobre, entonces hay que ser como Él.” Jesús no fue pobre; le dio de comer a doce hombres durante tres años y medio; nunca levantó una ofrenda; viajó por todos lados, tenía mujeres ricas que lo sostenían; tenía una túnica de un hilo que era como tener un traje muy bueno de hoy. Jesús murió desnudo, cargó con la enfermedad y se hizo maldición por nosotros para identificarse con mi dolor y que yo me identifique con su victoria. No tengo que identificarme con el dolor de Cristo sino con la tumba vacía, porque Él se identifico con mi dolor, tomó mis heridas y mis enfermedades; Él fue hecho maldición y se hizo pobre para que yo sea enriquecido en todo.

Todo lo que no hemos logrado en años de evangelio, lo estamos logrando ahora prosperando, avanzando, creciendo en todas las áreas. Todos tenemos que prosperar, crecer, avanzar; porque en el reino de Dios, para todo, es necesario el dinero. Tenemos que tener visión y oración, visión y dinero; ora para tener dinero. Hay gente con sueños maravillosos, nobles, pero no tienen recursos económicos. Dios tiene que meternos en crecimiento financiero.

Por Bernardo Stamateas

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