Antes de empezar, le avisamos que este articulo consta de dos partes. Si desea comprender en su totalidad el articulo, le recomendamos leer ambos. Dios lo bendice!

Todo lo que hacemos lo llevamos a cabo o bien por una necesidad de evitar el dolor o por un deseo de obtener placer. ¿Qué nos impide pues emprender esas acciones que sabemos que debemos realizar pero que aplazamos constantemente? Para la mayor parte de las personas es el no haber alcanzado lo que se denomina el umbral emocional; un dolor suficientemente grande como para verse impulsado a producir un cambio y tomar acción. Todos nosotros, en alguna ocasión de nuestra vida, hemos pasado por algún momento en el que hemos dicho: «Ya es suficiente, ya tengo bastante. Esto tiene que cambiar ahora mismo.» Y ese es precisamente el momento mágico en el que el sufrimiento se transforma en nuestro aliado. Ese sufrimiento es lo que nos impulsa a tomar acción para hacer que nuestra situación mejore y se produzca el cambio. Pero, ¿Qué necesitamos para que el cambio se produzca con rapidez?

  • La primera creencia que hemos de tener es que podemos producir ese cambio AHORA.
  • La segunda creencia que hemos de tener es tomar conciencia de que somos nosotros mismos, y nadie más, los responsables de nuestros propios cambios.

Hay dos fases claramente definidas que nos permiten tomar la responsabilidad del cambio en nuestra mano.

  • La primera fase es que tenemos que creer: «Algo tiene que cambiar». No sirve decir que «debería» cambiar, sino que «tiene» que cambiar totalmente. Es infinito el número de personas que suelen decir: «Debería perder algo de peso», o «Debería terminar este proyecto» o «Debería iniciar un programa de ejercicio». Pero por mucho que usted se diga «debería» nunca cambiará nada hasta que lo sustituya por un «tengo que hacerlo»: «Tengo que perder peso», «Tengo que terminar este proyecto», «Tengo que iniciar un programa de ejercicio».
  • La segunda fase va más allá. No solo hemos de creer que algo tiene que cambiar, sino que tenemos que vernos a nosotros mismos como el origen del cambio. Es decir: «Tengo que cambiarlo». Si no lo hacemos así, siempre tendremos a alguien a quien echarle la culpa si no producimos ese cambio.
  • La tercera fase nos indica que tenemos que creer: «puedo cambiarlo».

¿Cómo vamos a ser capaces de producir un cambio si en el fondo no nos creemos capaces de producirlo?

Es imprescindible esa confianza y esa fe en uno mismo para que el cambio suceda y sea perdurable.

Veamos a continuación el proceso que debemos seguir para producir cualquier cambio que deseemos.

Paso número 1: Decidir claramente qué desea conseguir y qué le está impidiendo alcanzarlo ahora.

Para la mayor parte de las personas resulta más sencillo decir qué es lo que no quieren, en lugar de exponer aquello que desean. Pero recuerde siempre que si enfoca su atención sobre las cosas que no desea, el resultado que obtendrá será más de lo mismo.

El primer paso para lograr cualquier cambio, es decidir qué desea usted realmente y hacerlo de forma específica y positiva. Así por ejemplo, en lugar de decir

«No quiero estar gordo», diga «Quiero estar en buena forma, manteniendo mi peso ideal». Cuanto más específico y claro sea en el establecimiento de su objetivo, mayor será su poder para lograr que el cambio suceda.

Paso número 2: Asocie un fuerte dolor al hecho de no cambiar ahora y un gran placer a producir el cambio.

Producir un cambio no suele ser cuestión de habilidad o capacidad, siempre es cuestión de disponer de la motivación necesaria para hacerlo. Es necesario crear la sensación de urgencia, que nos impulse al «Tengo que hacerlo». Cuando existe un porqué lo suficientemente poderoso, los hechos nunca cuentan, y usted hará lo que sea necesario para que el cambio se produzca. Si logramos acumular una buena lista de razones lo bastante fuertes emocionalmente para incitarnos a cambiar, podemos lograr en un minuto cambios que no habíamos conseguido en años.

Hagámonos preguntas que induzcan fuertes sensaciones de dolor al hecho de no cambiar: ¿Qué le costará en su vida a nivel emocional, físico, social y espiritual el hecho de no cambiar? ¿Qué precio tendrá que pagar si no cambia? ¿Cómo evolucionará su vida a peor en los próximos años si no toma una decisión y se compromete a cambiar? ¿Qué se perderá en su vida? Asocie tanto dolor como le sea posible al hecho de no cambiar.

Por otro lado, potencie el placer asociado al hecho de producir el cambio. ¿Qué mejoras incorporará a su vida si cambia? ¿Qué beneficios físicos, emocionales, sociales y espirituales obtendrá si produce el cambio? ¿Cuánto mejor será su vida dentro de un año, y de dos, y de diez? ¿Cómo se sentirán su familia y sus seres queridos al verle cambiar de forma tan positiva? ¿Cuánto más feliz será a partir de que el cambio se produzca? Vincule el máximo placer posible al hecho de cambiar.

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