Cada vez que animo a los líderes a cambiar todo lo que pue­dan para hacer la vida más llevadera, sé también que hay algunas cosas que no pueden cambiar. Entonces ¿qué? Conozco pasto­res cuyo llamado los ha llevado a levantar iglesias en áreas gol­peadas por la pobreza, o asoladas por problemas raciales, o des­truidas por la guerra. Quizás se necesiten varias generaciones para cambiar las circunstancias que los rodean. Entonces, ¿qué? Conozco otros líderes de iglesia cuyas denominaciones se resis­ten a cualquier cambio, y dan a su clero órdenes de marcha que son rígidas y obsoletas. ¿Qué, entonces?

El apóstol Pablo tenía una condición inquietante en su vida a la que se refería como un «aguijón». Oraba a Dios que lo re­moviera pero aparentemente nunca se lo quitó. Mientras más llego a conocer otros líderes cristianos, más me convenzo de que casi todos nosotros tenemos al menos una circunstancia in­quietante que parece que no podemos cambiar: un aguijón que nos obliga a buscar diariamente a Dios, y decir: «¡Caramba, Dios! Esto me afecta hoy de nuevo. En realidad no entiendo por qué no me quitas esto. Sin embargo, hay una razón de que tú seas Dios y yo sea yo. Así que, confiaré en ti durante otro día».

¿Cómo maneja usted un aguijón? Le habla a Dios de él. Expresa su frustración. Grita y llora, si debe hacerlo. Pero final­mente clama las palabras de Dios para Pablo: «Te basta con mi gracia» (2 Corintios 12:9).

Otra forma de tratar con un aguijón es negarse a ver el resto de su vida en forma global. En vez de eso la divide en partes pe­queñas, y ora: «Señor, lo único que necesito es confiar en tu po­der sustentador por un período de veinticuatro horas más. Ayú­dame a resistir este aguijón hasta que el sol se ponga… y ya veremos mañana lo que depara el futuro.

Este enfoque funciona, amigos. Lo he practicado por años. Construye fe y carácter. Contribuye a una confianza radical en Dios (lo cual es bueno). Y aumenta nuestra confianza en que te­nemos la capacidad de soportar a largo plazo.

Extracto del libro “Liderazgo Audaz”

Por Bill Hybels

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