Artículos Pastorales – El Estrés 7

 

Continuemos.

En segundo lugar la persona debe cambiar su interpretación de la realidad y hacerlo desde Cristo, mirar las cosas y al mundo del mismo modo que Cristo lo haría; aquí el texto de Filipenses 1:12-26 es espléndido, ya que muestra al apóstol Pablo interpretando su ambiente y situación (vs.12-14), a la gente (vs.15-18) y a su misma finitud y muerte (vs.19-26) como Cristo lo haría. Pablo no cae en estrés o depresión ya que interpreta su mundo desde la misma mente de Cristo y no desde sí mismo (Santiago 1:2, 3; 1 Corintios 2:16; 2 Corintios 11:24-28; 4:8-12).

 

I. Vivir un día por vez.

Paso a paso, para que la ansiedad y preocupación desaparezcan y todo resulte en mayor beneficio. No a la ansiedad. Muchas personas viven en un pasado que pasó o en un futuro que no vino. Se le debe ayudar a la persona a que viva «el aquí y el ahora» como si fuesen los últimos momentos de la vida. Esto es, enseñarle que cuando la persona coma, ¡que coma!; cuando duerma, ¡que duerma!; cuando alabe, ¡que alabe!; cuando ame, ¡que ame! disfrutando ese mo­mento con intensidad.

Es verdad que muchos estresados no pueden lograr esto, de ahí que sea importante enseñarles que debe hacer una cosa a la vez. Que no almuerce y mire T.V., o que hable del trabajo y juegue con sus hijos, etc. Este aceleramiento debe ser considerado y manejado por la persona en forma racional y consciente. Generalmente estas personas almuerzan, se afeitan, se visten, hablan, caminan con una «urgencia» y rapidez perjudicial para toda su vida. Así podríamos seguir nombrando muchas cosas que la persona puede mencionar para tenerlas en cuenta y combatirlas en un plan conjunto de trabajo.

 

J. Revisar el sistema de prioridades.

A la luz de lo que Dios quiere de mí, desde mi familia, el trabajo, iglesia, pasando por todas las áreas de la vida. Mirar más allá de lo inmediato y lo temporal.

 

K. Servir y amar a los demás.

El darnos, compartir, ayudar, servir, hace que la vida cobre significado. Muchas personas caen en el estrés y la depresión porque han vivido la vida desde sí mismas y para sí. Cuando se mira «hacia afuera» entonces la vida comienza a tener más significado, ya que de alguna manera lo que recordaremos durante toda la eternidad son estas experiencias en las que fuimos de bendición para otros.

 

L. Tener actividades recreativas.

De cualquier tipo, desde una caminata hasta vacaciones. Es un mag­nífico medio para romper la rutina. El estrés es causante de la presión arterial elevada, las cefaleas y de gran parte de las enfermedades del corazón. El que la persona tenga en claro esto e «imagine» cómo sería su vida sufriendo, es muchas veces provechoso para que tome conciencia de dónde se dirige.

 

M. Conocer las consecuencias de la «rapidez», ambición y ansiedad.

La persona debe tomar conciencia de que está en un ritmo estresante y una vida de «urgencia». Debe tener en claro a dónde le llevará esto tanto a nivel físico como emocional y espiritual. La persona debe meditar en las causas que le llevan a vivir con rapidez y que las consecuencias más funestas serán el estrés y el «olvidarse» de Dios.

Estos son algunos de los temas que sugerimos que podrían ser de beneficio al ser estudiados pastoralmente. La Palabra contiene principios y consejos claros que, bien entendidos, transforman la personalidad «tipo A», cambiando sus pautas y su estilo de vida por uno diferente y superior: el estilo de vida de Dios. La pastoral puede comenzar en forma lenta con unos momentos de oración y meditación que ayuden a «desacelerarse» y luego terminar la pastoral leyendo con voz lenta y clara estas hermosas palabras de autor desconocido:

 

Disminuye mi Velocidad, Señor.

Disminuye mi velocidad, Señor.

Modera los latidos de mi corazón, tranquilizando mi mente.

Afirma mis pasos acelerados con una visión del alcance de lo eterno.

Dame, en medio de la confusión del día, la calma de los montes.

Quebranta y reduce la tensión de mis nervios y músculos

con la música tranquila de las corrientes melodiosas que viven en mis recuerdos.

Enséñame el arte de las cosas pequeñas: a detenerme para mirar una flor,

a charlar con un amigo, acariciar un perro, sonreír a un niño,

leer unas pocas líneas de un buen libro.

Disminuye mi velocidad, Señor,

e inspírame para que eche raíces profundas en los valores perdurables de la vida,

para que pueda crecer hacia mi mayor destino.

Recuérdame cada día que la carrera no es de los veloces,

que hay algo más en la vida que incrementar la rapidez.

Haz que mire al roble gigantesco y sepa que se ha hecho tan robusto y tan grande

porque ha crecido bien y lentamente.

Extracto del libro “Aconsejamiento Pastoral”

Por Bernardo Stamateas

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