Continuemos.

4. Seguridad Interior.

La palabra “seguridad” procede del vocablo latino “securus” que significa, “sin preocupación”.

Pero en estos tiempos ¿quién puede darte seguri­dad? ¿Un empleo? ¿Una cuenta bancaria? ¿Un seguro social? ¿Empresas que caen, que cierran? ¿Corporacio­nes que desaparecen?

La seguridad nace de saber que sea cual fuere la circunstancia a la que nos enfrentemos, seremos ca­paces de resolverla.

“No hay ninguna seguridad en esta tierra. Sólo existen oportunidades”, dice Douglas Mac Arthur.

En tu creatividad y disposición estará tu seguridad. Tus circunstancias pueden decirte que estás lleno de problemas, que la bolsa subió o bajó a tu favor, que te “hi­cieron una cama” en el trabajo, pero será tu estima, nutri­da de cada decisión que tomaste cada día al levantarte, la que te llevará al éxito o al fracaso. Personas que anhelan construir pero no se animan, que quieren soñar pero sienten que no están capacitadas, que quieren correr pe­ro sienten sus piernas inmovilizadas deben despertarse. Nunca nadie alcanzó el éxito sin entusiasmo.

Mae West decía: “Tu verdadera seguridad eres tú mismo. Sabes que puedes lograrlo y eso nunca lo podrán controlar.”

Aquellos que alguna vez hicieron historia o cuyos nombres trascendieron países o naciones, no lo hicieron por empatía o privilegios o gracias a la emoción, sino porque trabajaron eficazmente en el diseño de sus metas v desarrollaron el dominio propio necesario para perseverar hasta el final. No se conformaron con los “casi”, “casi lo logro”, “casi lo alcanzo”, “casi se me da.” Ellos se concentraron en su objetivo y nadie pu­do desenfocarlos. Fueron creativos y flexibles.

El problema de muchos es que siguen el patrón de vi­da de muchos otros, pero no saben adónde van a llegar. Sólo la potencia de tu sueño hará que sientas correr la sangre por tus venas, te hará sentir vivo y dará rum­bo a tu vida y a tu discurso.

Lo primero que te sucederá desde el momento en que te capacites para triunfar es que pasarás de ser una persona productiva a ser una persona con estima. En­tonces habrá cambios notables en tu vida y en la orga­nización de la misma:

  • Lo que no funcionaba, comenzará a funcionar
  • No dependerás afectivamente de nadie para llegar al objetivo.
  • Comenzarás a declarar públicamente tus sue­ños y no tendrás vergüenza de ellos.
  • Hablarás, te pararás y actuarás como si ya fueses un campeón. No importará que estés en el comienzo de la recta, te moverás como si ya tuvieses el premio
  • Aplicarás el principio de la asociación, y lo mejor se añadirá y se unirá a tu propósito, y lo que no sirve quedará en el camino
  • Serás un “mejorador” y todo lo que pase por tus manos será perfeccionado y exitoso.

Estamos en el camino de ser los mejores líderes, po­líticos, empresarios, maestros, deportistas y analistas que el mundo haya conocido. Cuando tú eres lo mejor en el lugar en donde te encuentras, estás calificado para pasar a tu próximo nivel, a tu próxima promoción, hasta llegar al punto en el que las puertas se abrirán antes de que las golpees.

5. Dime cómo hablas y te diré quién eres.

Nada tiene el mismo poder que la palabra, que aquellos vocablos que en milésimas de segundos pro­nuncias a diario de manera verborragia. El simple hecho de abrir nuestra boca y comenzar a decir una serie de palabras determinará un accionar de solución y concreción para cada uno de nuestros pro­yectos, metas y objetivos.

Las palabras tienen poder: poder para construir un vallado que proteja tu sueño pero poder también para que lo que soñaste tanto tiempo se destruya con pala­bras de menosprecio si las aceptas en tu vida. Cada palabra que sale de tu boca será la puerta por la que atravesarás cuando te enfrentes ante una cir­cunstancia difícil. Las palabras te traerán beneficio o pérdida, te afian­zarán o destruirán tu estima y tu seguridad.

Palabras como:

  • No puedo
  • No valgo
  • No sé
  • Soy torpe para esta función

Son palabras que nos decimos a nosotros mismos, que debilitan a diario nuestra seguridad emocional y ter­minan convirtiéndose en inseguridades que se apegan a nuestras vidas como garrapatas, que anulan todas las ca­pacidades de las que disponemos para disfrutar de la vi­da. Activando esa inseguridad frenaremos los objetivos que están por delante. Sin darnos cuenta a veces pone­mos en marcha esa inseguridad que bloquea todo aque­llo por lo que hemos luchado tanto tiempo.

Y la inseguridad no sólo interrumpe el acceso a tus metas, sino que te hará prestar oído a voces y a palabras ajenas.

Pero existe una meta, un sueño, un propósito que no puedes abandonar: tu vida. Para ello también dispones de palabras: fe, valor, seguridad, convicción, determina­ción, potencial, meta, destino, estima, dominio propio; son palabras que desde el momento en que comiences a aplicarlas a tu vida producirán su fruto al ciento por cien­to y a una velocidad que hasta ahora desconocías.

Determina palabras de bien, de fe, de ánimo sobre tu vida; crea con palabras lo que estás esperando reci­bir de tu trabajo, tu futuro, tu empresa, tus hijos. Mientras hables estarás creando tu porvenir. Lo que digas, será hecho.

Y así es como caminamos y nos desenvolvemos en las diferentes áreas de nuestras vidas, de acuerdo a cómo nos sentimos. Los seres humanos nos vemos tal como ha­blamos de nosotros mismos y conforme a lo que los otros dicen de nosotros y aceptamos como válido.

Extracto del libro “Gente Tóxica”

Por Bernardo Stamateas

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