Artículos Cristianos – El Ministerio de la Confrontación 3

 

Continuemos.

3. Consejo Rechazado.

He enviado muchos paquetes desde la oficina de correos de nuestra zona, y algunos han sido devueltos, principal­mente por franqueo insuficiente, dirección errónea o recha­zo del destinatario. Echemos un vistazo a la aplicación de cada una de estas razones refiriéndonos a la confrontación.

“Franqueo insuficiente” es no pagar o no poner el suficiente dinero para enviar el paquete. Cuando informamos sobre el comportamiento de alguien, especialmente cuando no es el lugar de trabajo, tenemos que ganarnos el derecho a ser escuchados. Esto significa que tenemos que invertir lo suficiente en la relación con la otra persona como para que ella se dé cuenta de que realmente nos preocupa su bienestar.

“Dirección equivocada” es no dirigirse a la persona de forma positiva. Utilizamos el tono inadecuado, mostramos hostilidad, hacemos juicios o adoptamos cualquier otro enfoque que no lleva a ninguna parte.

“El rechazo del destinatario” ocurre cuando una persona no está lista para recibir un consejo, ya sea por razones psi­cológicas o porque no desea hacer frente a la realidad en este período de su vida. Cuando recibimos el aviso de “devol­ver al remitente”, tenemos que entender que está fuera de nuestro alcance. Nosotros hemos hecho lo que debíamos. Ahora tenemos que orar para que el otro sea receptivo a la verdad y para que Dios ponga en su camino a alguien a quien quiera escuchar y prestar atención.

 

4. “¡Deja de ser hipócrita!” Pablo y Pedro.

Pablo, uno de los últimos apóstoles de nuestro Señor, persiguió y mandó matar a muchos cristianos antes de someterse al llamamiento que Dios tenía para su vida. Pedro, por otra parte, había disfrutado de una relación cercana con Jesús durante el tiempo que este estuvo en la tierra. Pedro era una figura clave en la iglesia primitiva.

Pablo observó que Pedro estaba empezando a tener un comportamiento que resultaba destructivo para la iglesia y se enfrentó con él: “Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circunci­sión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gál.2:11-14).

Pablo sabía que muchos seguidores emulaban a su líder. Por lo tanto, un líder que actuaba de forma errónea debía ser confrontado. Algunos podrían decir que Pablo segu­ramente sentía envidia de Pedro por su estatus de apóstol original, pero eso no era así. Pablo simplemente quería ver a Pedro y a los demás líderes caminar según la verdad del evangelio, que declaraba que ya no había que cumplir la ley judía. No había diferencia entre judíos y gentiles. No había necesidad de preferir a un grupo frente a otro.

Que Pablo se enfrentara “cara a cara” con Pedro es un ejemplo claro de qué es la confrontación literal; es decir, se pusieron uno frente a otro. Como la ofensa de Pedro era pública, Pablo lo amonestó públicamente. Si se hicieran más amonestaciones públicas hoy día, tal vez se produci­rían menos liderazgos impíos. Pablo nos urge a enfrentar cara a cara a cualquier her­mano o hermana que haya cometido alguna falta. No tene­mos que sentirnos intimidados por el rango de nadie o por el entorno.

 

5. El Reto.

Como recordatorio de que eres tú el que debe iniciar una confrontación sana, ya seas el ofensor o el ofendido, anota los pasajes de Mateo 5:23-24 y 18:15 en una tarjeta y memorízalos.

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu her­mano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt.5:23-24).

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y reprén­dele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mt.18:15).

Extracto del libro “Confrontar Sin Ofender”

Por Deborah Smith Pegues

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