Para tener más salud y más éxito necesitamos de­cir más “no” a determinados hechos y a ciertos tipos de personas.

Muchas veces no logramos decir “no” cuando deseamos hacerlo y sabemos que deberíamos. Para superar esta situación, debemos:

No idealizar a nadie: al idealizar a la otra perso­na la estamos colocando en un rol superior mientras no­sotros mermamos, haciéndonos de esta manera más vulnerable y quedando expuestos a que el otro pueda herir­nos. Si nos conectamos con otra gente, (cualquiera sea el lugar que la persona ocupe) debe ser de igual a igual, por­que ponerse “arriba de” es un acto de soberbia y “por de­bajo de” habilita a que los otros decidan humillarnos.

No reaccionar mal ante las palabras de la gente: hay palabras que llegarán para lastimarte y provocar una reacción a ese mensaje que te transmiten. Las personas que pronuncian esas palabras se llaman, en psicología, tóxicas.

Diferentes tipos de personas tóxicas:

El ofendido: es el que con una palabra o con­ducta tuya se ofende y de esa manera manipu­la. Trasmite el mensaje: “Según cómo te com­portes, yo estaré o no”, para que los demás queden a la expectativa de sus acciones.

El que tira y corre: es el que pasa, tira un misil y sigue de largo porque lo único que está bus­cando es tu reacción.

El que triangula: es el que “lleva y trae”, te sumerge en el medio de una discusión que no te corresponde para que tomes partido y salgas en defensa de alguna de las partes.

El psicópata: es el que felicita y descalifica al mismo tiempo.

El reaccionario: le gusta discutir, criticar y buscar que te sumes a él para hacerte per­der tiempo.

CONSEJO

Para caminar con salud, no reacciones ante las palabras de la gente. Aprende a:

No esperar nada de nadie: si ponemos las ex­pectativas en la gente, sólo obtendremos frustración, porque un día responderá bien y otro día mal. No exis­te nada más variable que las emociones humanas.

No compararte con nadie: no te compares ni per­mitas que te comparen porque no necesitas ser como na­die. La persona con problemas de estima vive comparán­dose: “tú tienes marido, hijos y yo no”, “tú trabajas tanta cantidad de horas pero yo trabajo más”. Todas las bendi­ciones tienen un nombre: debes aprender a capturarlas y disfrutar de aquellas que tienen escrito el tuyo.

No “fusilar” a los demás: no tomes como perso­nal lo que te digan otros: “Alguien me dijo que aquel dijo que el otro habló mal de mí.” Si te rechazan, no lo asumas como personal: existirán cientos de justificacio­nes posibles a cada accionar. Quizá, la persona que te lastimó fue lastimada, por lo cual herirá a quien sea por su propio conflicto. No te apresures.

No valorar el dolor: debemos identificarnos con la felicidad y con el éxito, no con el dolor. No vinimos a este mundo a cargar ninguna cruz ni a pagar ningún precio, sino a cumplir con nuestro propósito y a explo­tar al máximo todo el potencial del que disponemos.

No ponerte en víctima: cada uno tiene el control remoto de sus emociones y pensamientos: decide qué sentir, qué pensar y qué hablar. No entregues el poder de tus sentimientos a los demás, porque si lo haces, se­rás un títere en sus manos; nadie podrá lastimarte a menos que le des permiso.

No querer cambiar a nadie: no gastes tus energías queriendo cambiar a tu esposo, esposa, suegros, hijos, je­fes, etc., porque si la persona no quiere, no cambia.

Si tenemos en claro y podemos decir “no” a to­do aquello que nos perjudicará, si sabemos decir “no” a todo aquello que nos hace ser co-dependientes de los otros, estaremos listos y preparados para accionar todas aquellas oportunidades que se merecen un “sí”. Cuando sabemos decir “no” estamos preparados para defender nuestros propios intereses, enfocándonos hacia nuestros objetivos.

No digamos “sí” cuando en realidad queremos decir “no”, no tengamos miedo a perder ni a dejar de ser aceptados o amados o tenidos en cuenta por saber decir un “no” certero y efi­caz a tiempo. Respetemos cada “no” que digamos.

El escritor William Ury describe en su libro “El Poder de un no Positivo” los tres grandes dones de un “no positivo”:

Crea lo que necesitamos: por cada “sí” im­portante es necesario decir mil veces “no”

Protege lo que valoramos: el “no” positivo nos permite establecer, mantener y defender los límites críticos

Cambia lo que ya no funciona: digámosle “no” a la complacencia y el estancamiento de un lugar de trabajo.

Un primer y certero “no” muchas veces es el principio del camino que necesitamos reco­rrer para llegar a establecer vínculos interpersonales sanos y acuerdos exitosos.

Si crees en las palabras que dices a diario y las lle­vas a acciones concretas, dejarás de vivir de falsas expectativas, de la gente y de las limosnas que pue­dan darte. Si te aferras a la palabra de fe, comenzarás a ver todos tus sueños cumplidos, harás lo que nun­ca hiciste y las cosas viejas serán borradas. Todo, de ahora en más, será un hecho nuevo.

Extracto del libro “Gente Tóxica”

Por Bernardo Stamateas

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