Liderazgo Cristiano – El Fracaso No Es el Final

 

Los líderes exitosos no se esfuerzan por evadir el fracaso, ellos lo manejan exitosamente. Con el paso de los años, cinco observaciones me han ayudado a mantener la actitud correcta hacia el fracaso, y creo que le pueden ayudar también.

1. Enfocar el Éxito en Vez del Fracaso. En el libro de Proverbios, indica que nuestra manera de pensar determina lo que somos (Prov.23:7). Así que, cuando enfocamos el fracaso, nos arriesgamos a fracasar. Hace algunos años, la familia voladora, los Wallendas, quienes caminaban sobre la cuerda floja, recibía mucha atención debido a sus actuaciones desafiantes a la muerte. Pero una tragedia sucedió en el año 1978, cuando a los 73 años, el patriarca de la familia, Karl Wallenda, se cayó mientras intentaba caminar sobre una cuerda entre dos rascacielos de San Juan, Puerto Rico; esa caída ocasionó su muerte.

Lo que pocas personas saben es que ese increíble hombre, quien había cruzado miles de cuerdas durante su vida, pasó los últimos tres meses de su vida contemplando la posibilidad de “caerse”. Un reportero comentó, “Cuando Karl Wallenda se esforzó por no caerse en vez de caminar sobre la cuerda, se destinó a caer”. Si pasas el tiempo preocupándote por el fracaso, también aumentarás la probabilidad de caerte.

 

2. Considerar los Fracasos Como Amigos en Vez de Enemigos.

Mucha gente tiene miedo del fracaso. Lo consideran como su peor enemigo. Pero la gente exitosa reconoce que sus fracasos pueden elevarles a alcanzar éxitos mayores si los tratan correctamente. Los fracasos ofrecen experiencias tremendas para aprender. Como líder, creo que yo he fracasado más de la mayoría de las personas. Pero también he gozado de muchos éxitos. ¿Por qué? Porque para mí el “esforzarme” vale más que “no fracasar”.

Cuando cometo errores, aprendo lecciones valiosas de ellos. Me pregunto: ¿Qué hice mal y cómo podría hacerlo mejor la próxima vez? Así que, no tratas de esconder tus errores. Confiésalos para aprender de ellos y crecer. Debido a que vas a fracasar, ¿por qué no los consideras como los amigos que podrían ser?

 

3. Considerar el Fracaso Como Algo Momentáneo en Vez de Convertirlo en un Monumento.

El fracaso a menudo es tan chocante que a la gente le hace parar permanentemente. En vez de considerarlo como algo momentáneo, construyen un monumento a su fracaso definitivo. Me acuerdo una vez de una reunión de líderes de una organización que no había avanzada por más de diez años. Cuando bosquejé para ellos lo que podían hacer para crecer y extenderse, su gerente exclamó en voz alta, “¡No podemos hacer eso! ¡Podríamos fracasar!”.

Su miedo del fracaso futuro ya había producido el fracaso presente. No deje que los errores momentáneos le separen del crecimiento a largo plazo.

 

4. Esforzarse Por Tener Fracasos Exitosos en Lugar de Tener Éxitos Fracasados.

Abraham Lincoln dijo, “El éxito significa pasar de un fracaso a otro sin perder su entusiasmo.” Él ciertamente había experimentado la derrota. Nació en la extrema pobreza. Tuvo que enseñarse a sí mismo. Fracasó en los negocios, salió derrotado varias veces en la política. Cada vez que sufrió una pérdida, el Sr. Lincoln perseveró y aprendió de sus errores. En vez de fracasar en su esfuerzo para conseguir el éxito, él experimentó muchos fracasos en una manera exitosa. Sus experiencias no le detuvieron, le enseñaron.

 

5. Considerar a los Fracasos Como Oportunidades Nuevas en Vez de Derrotas Finales.

El apóstol Pablo es un ejemplo maravilloso de cómo enfrentar al fracaso en una manera positiva. Cuando naufragó en la isla de Malta, él ministró al pueblo. Cuando lo arrestaron, lo tomó como una oportunidad para predicar el Evangelio (Filipenses 1:12). Cuando nuestra actitud está bien, el fracaso nos ayuda a mejorar. Nos da la oportunidad de ver en dónde fallamos para cambiar, y aprender más acerca de nosotros mismos y cómo podríamos alcanzar nuestro potencial.

A fin de cuentas, “la falta de intentar” es la falla más grande que se puede cometer. Si no intentamos hacerlo, jamás tendremos éxito. Hagamos el intento de convertirnos en las personas que Dios desea que seamos para hacer todo lo que Él nos pida. Y lo haremos, si mantenemos la perspectiva correcta en cuanto al fracaso. El fracaso no debe ser el final.

Extracto del libro “Liderazgo Excitante”

Por John Maxwell

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