Garantizo que no será fácil esta clase de la escuela de postgrado en resistencia. Se llama «Aprenda a vivir con una perspectiva eterna», y tiene que ver con la naturaleza del tiempo.

Permítame ilustrarlo: Cada verano mi tripulación y yo debe­mos transportar mi velero por agua a varios puertos alrededor de los Grandes Lagos, para participar en regatas. Si usted no es de la región central de los Estados Unidos, tal vez no comprenda cuán grande es el Lago Michigan. Tiene más de cuatrocientos cincuen­ta kilómetros de norte a sur, y casi ciento sesenta de ancho.

Un recorrido de ciento sesenta kilómetros, a seis o siete nu­dos en un velero, se traduce en un crucero de doce horas. En ocasiones perdía, al sacar la paja más pequeña, y debía tomar la responsabilidad del viaje. Más de una vez he llegado a un cuarto del camino a través del Lago Michigan, solo para atravesar una zona de relámpagos, truenos y fuertes vientos. Por lo general, me las arreglo solo, que es lo que prefiero, pero la apuesta inicial aumenta cuando el tiempo se daña. En más de una ocasión he encontrado condiciones que me hacían dudar que llegaría al otro lado.

Esos momentos son muy intensos. Sin embargo, tarde o temprano, hago uso de mi ingenio, y recuerdo otra perspectiva en el Lago Michigan. Es una perspectiva que conozco a fondo: la de un piloto. Obtuve mi licencia de piloto cuando era adolescente, y he atravesado cientos de veces el Lago Michigan en aviones pri­vados.

Un vuelo sobre el Lago Michigan en un asiento de piloto ofrece una perspectiva totalmente distinta del lago. Las distan­cias se comprimen y las amenazas se minimizan. Ciento cin­cuenta kilómetros de visibilidad es común en un aeroplano; por tanto, con suficiente altura usted puede ver fácilmente todo el lago. Las olas que podrían estar golpeando con violencia el cas­co de un barco, lucen pequeñas y tranquilas desde el aire. En solo minutos, un avión rápido puede transportarlo de un lado al otro del Lago Michigan. Es más, los pilotos de jets privados lla­man «saltar el charco» a atravesar el lago.

Así que, cuando dirijo un bote en una travesía por el Lago Michigan, y me encuentro con malas condiciones, intento usar la perspectiva de piloto en mi situación de navegación. En mi mente miro hacia abajo mi difícil situación desde la cabina de un jet privado que vuela a ocho mil metros de altura. Imagino el más alto panorama, y pienso: Desde aquí arriba ja es visible la otra lí­nea de la costa. Desde aquí arriba hay una clara visión del puerto. Desde aquí arriba las olas parecen muy manejables.

Créalo o no, con ese punto de vista en mente puedo seguir allí contra viento y marea. Puedo mantenerme avanzando. Pue­do comenzar a creer que de veras lograré llegar, siempre y cuan­do persevere. Pero necesito esa otra perspectiva, que me da es­peranza y determinación renovada. Usted sabe adonde voy con esto.

Líderes cristianos heroicos a lo largo de la historia redento­ra, siempre han visto a la dificultad de sus luchas de corto plazo en contraste con el telón de fondo de la eternidad. El apóstol Pablo dijo en 2 Corintios 4:17: «Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento». Pablo sugiere en este pasaje que cuando las dificultades de la vida parecen abru­madoras, debemos pensar más como pilotos que como marine­ros. Necesitamos ver las olas por encima de las dificultades, en lu­gar de verlas dentro de ellas. Eso es lo que significa ver la vida desde una perspectiva eterna.

A propósito, ¿cuáles eran los «sufrimientos ligeros y efíme­ros» que Pablo tenía que ver desde la perspectiva de un piloto? En los versículos previos los enumera: «Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perseguidos, pero no abandonados; perplejos, pero no desesperados». También dice: «No nos desa­nimamos» (2 Corintios 4:8, 16).

¿Cómo podría Pablo resistir esas pruebas? ¿Estuvo hecho de mejor material que usted o yo? No necesariamente. El após­tol resistió porque había aprendido a ver los sufrimientos pre­sentes desde un punto de vista más amplio, que le recordaba que el puerto no estaba muy lejos.

Igual que Pablo, nosotros podemos resistir si tenemos la perspectiva correcta.

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