Maestros de Niños – El Niño y su Familia 2

 

Continuemos.

A esos niños preocupados ayuda decirles algo así: “Ese problema es un problema de gente grande, no de los niños. Es imposible que tú puedas hacer algo para arreglarlo. Tú no puedes manejar un camión de carga, porque eres demasiado pequeño. Bueno, el problema del empleo de tu papá es como un camión de carga para ti. Le corresponde a la gente grande ocuparse de eso”.

Es importante que la comunidad de la iglesia tenga estructuras en donde una familia que esté pasando necesidad económica pueda encontrar apoyo y ayuda en consejería y oración, como también comestibles para que puedan sobrellevar la abrumadora situación. Este simple hecho ayuda para aliviar la carga emocional que lleva el niño.

 

4. Sobrecarga de Responsabilidades.

Otra área de necesidad en la vida del niño surge de modificaciones en las estructuras familiares. En hogares donde trabajan los dos padres, es común encontrar a los niños en­frentando situaciones de mucha responsabilidad. Lo mismo ocurre cuando son hijos de padres divorciados viviendo con uno de los padres, o cuando son hijos de una madre soltera. En esos casos, los niños más grandes tienen que asumir responsabilidades por los hermanitos, pasando largas horas en el cuidado de ellos.

Algunos se encargan de las compras de comestibles, de la preparación de comidas, limpiar la casa, de lavar y planchar la ropa de la familia, y, como si fuera poco, de supervisar los deberes de los hermanos. Colaborar con los quehaceres de la casa es una responsabilidad correcta de todo niño, pero cuando tiene que estar “a cargo” de la situación, se torna muy pesado e injusto.

Es un niño y su forma de pensar es egocéntrica, lo que hace que interprete las circunstancias en relación con su persona y no por el bienestar de los demás. A veces se cree capaz de asumir determinadas responsabilidades, cuando en realidad no lo está.

En otros casos, la “sobrecarga” viene por actividades extracurriculares que los padres les imponen. Los padres, en estos casos, insisten en que sus hijos tienen que estar involucrados en un programa de deportes, en clases de idiomas, o clases de música, dibujo, computación y a veces todos a la vez. Nunca tienen oportunidad de relajarse y “ser niños”. Son niños apurados, cuyos intereses son definidos por otros y por motivaciones a veces muy equivo­cadas.

El resultado de correr de una actividad a otra hacen que no tengan oportunidad de estar interactuando con otros en un nivel donde se sientan escuchados y tomados en cuenta. Los maestros de la iglesia pueden ayudar a este niño sobrecargado de actividades proveyéndole un espacio donde será escuchado y donde sus preocupaciones y sus ansiedades se ventilen. Con gran tacto el maestro lo ayuda a entender que tiene valor por lo que es y no por lo que hace.

 

5. Conflictos Familiares.

El niño que vive en un ambiente familiar lleno de conflictos no resueltos lleva una carga emocional muy grande, que generalmente esconde. La incertidumbre que crean las discusiones y peleas de sus padres, y que nunca parecen resolverse, hace que el niño dude de su propio valor como persona y empiece a culparse por el conflicto crónico de sus padres.

Es diferente el efecto de las discusiones en el hogar que se resuelven en formas maduras y sanas. Allí el niño aprende que el enojo se puede encausar y resolver sin causarle daño a nadie, que el perdón es una fuerza para transformar las relaciones interpersonales, y que los desacuerdos entre los padres y entre los padres y sus hijos no representan el fin del mundo. Cuando las discu­siones se resuelven de forma correcta, el niño aprende que se puede hablar de las cosas, llegar a un acuerdo y convivir en paz.

 

Evidencias de Problemas en el Niño

1. Agresividad Exagerada.

El maestro se da cuenta de que el niño expresa una agresión constante con los demás y que carece de recursos propios para controlar su enojo. Sus conductas impiden el desarrollo normal de la clase.

 

2. Tristeza.

El maestro percibe niveles de tristeza y ansiedad en el niño por su falta de interés en las actividades de la clase, por su aislamiento de los demás niños, por la expresión de tristeza en su rostro o porque nada lo entusiasma.

 

3. Exceso de Conductas para Llamar la Atención.

El maestro empieza a darse cuenta de que está gastando más energía en responder a los reclamos de un alumno que en llevar a cabo su clase. El niño insiste en acaparar la atención del maestro únicamente para él y, cuando no la recibe, toma la revancha en conductas que distraen a los demás.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Más Que Maestros”

Por Betty S. de Constance

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