El maestro sabio: comunicación con creatividad y carácter

Se cuenta la historia de tres personas que viajaban juntas en avión – un programador de computadores, un joven “boy-scout”, y un pastor. En la mitad del vuelo la voz del piloto rompió el silencio diciendo que el avión estaba cayendo. Desdichadamente, sólo había 3 paracaídas para cuatro personas. Fue en ese momento que el piloto salió de la cabina, cogió el primer paracaídas, y dijo: “Tengo una esposa y 3 niños pequeños en casa, y ellos me necesitan,” y saltó del avión. Enseguida el programador de computadores declaró: “¡Soy la persona más inteligente del mundo, y ellos me necesitan!” Cogió el segundo paracaídas y también saltó. Eso dejó solamente al joven “boy-scout” y al pastor. Entonces el pastor, resuelto pero con voz temblorosa, le dijo al joven, “Tengo una vida buena, y sé para donde voy. Coja usted el último paracaídas, y yo me caeré con el avión.” Pero el joven “boy-scout” miró al pastor y respondió, “¡No se preocupe, pastor. El hombre más inteligente del mundo saltó del avión con mi mochila en la espalda!”

Esta historia ilustra la diferencia entre conocimiento y sabiduría. El conocimiento de los hechos no siempre implica saber cómo usarlos en la vida real. Por eso, hay mucha diferencia entre ser un maestro que tiene información, y un maestro que consigue comunicar este contenido por causa del propio carácter y por la enseñanza creativa.

¿Cuáles son las cualidades que distinguen a un maestro “conocedor” y un maestro “sabio”? Es interesante notar que la propia Biblia hace esta distinción. Con palabras sorprendentemente actuales nos enseña que el maestro sabio se preocupa con la comunicación creativa de un contenido que transforma el carácter.

Hace muchos años, el autor del libro de Eclesiastés, llamado “el maestro” o “predicador” en la Biblia, ejemplificaba las tres cualidades esenciales para todos los que presumen enseñar a otros:

“Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor” (Eclesiastés 12:9-11).

Podemos resumir esas cualidades de la siguiente manera:

  1. Contenido
  2. Comunicación creativa
  3. Carácter consecuente

 El Maestro sabio: comunica con creatividad

De acuerdo con el ejemplo del “Maestro” en Eclesiastés, el maestro sabio se preocupa no solamente con lo que enseña, sino también cómo lo enseña. Su uso de “proverbios y dichos” significa un esfuerzo para hacer la información abstracta y aparentemente irrelevante (a veces, que cansaba demasiado) en algo práctico, concreto y vivo. Implica la utilización de analogías, comparaciones, historias, anécdotas, estudios de casos y audiovisuales. El “Maestro” enseñaba “de modo agradable e interesante.” No es coincidencia que el más grande Maestro que haya vivido, el Señor Jesús, también enseñaba de esa manera. La Biblia nos dice que “sin parábolas (historias) Jesús no les enseñaba nada” (Mateo 13:34).

El Maestro sabio comunica a través del carácter

Es probable que usted aún recuerde a un maestro creativo que se preocupaba no sólo con el contenido, sino también con su vida. Probablemente fue el carácter de aquel maestro junto con su preocupación con una clase bien dada, que impactó su vida.

La instrucción hecha en un vacío moral acaba siendo una enseñanza inmoral. El maestro en Eclesiastés reconocía muy bien este hecho, pues termina su libro enfatizando la importancia del carácter en la enseñanza y en la vida: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:13,14). En otras palabras, conocimiento y contenido en sí no son suficientes para influenciar positivamente a las personas. Ser maestro no es simplemente otro ministerio más u otra profesión más. Ser maestro significa abrazar una de las responsabilidades más dignas posibles – formar vidas. El maestro sabio tiene una relación con Dios que transforma su propio carácter y acaba formando el carácter de sus alumnos.

El Nuevo Testamento deja en claro que eso solamente sucede cuando el maestro tiene un encuentro personal con Dios por medio del Señor Jesucristo, que dice “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). (Para saber más sobre cómo tener esa relación íntima – y sabia – con Dios por medio de Cristo, vea el Apéndice 1, “Preguntas y Respuestas sobre la Vida Eterna”).

Felicitaciones a los maestros que se preocupan no sólo con el contenido, sino con la comunicación creativa de lo que saben. Graban en la mente de sus alumnos la información que tanto necesitan. Felicitaciones a los maestros que viven lo que enseñan, y enseñan lo que viven. Graban para siempre en el corazón de sus alumnos el carácter que hace tanta falta en nuestros días. Por causa de ellos, no tenemos que saltar del avión de la vida con una mochila en la espalda.

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