Escuela Dominical – EL PROFESOR ORGANIZADO

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El plan de clase

Si existe una única técnica que podría revolucionar la enseñanza de millares de maestros, es la preparación y la utilización de un buen plan de clase. Vagamos en la enseñanza por no tener mapa. ¡Nos equivocamos en la meta por no tener un destino definido! El plan de clase simple, claro y bien elaborado hace todo eso y mucho más.

El apóstol Pablo tenía metas y objetivos bien claros en su enseñanza y predicación. Él exaltaba a la Persona de Jesús amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo. Luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí (Col 1:28, 29).

Ver a Cristo Jesús formado en nuestros alumnos es el objetivo final de todo maestros cristiano (Gálatas 4:19, Romanos 8:29, Filipenses 1:6). Nuestros planes de clase siempre deben tener esa finalidad en consideración. Deben reflejar un proceso de aprendizaje en el que el maestro conduzca a sus alumnos paso a paso en esa dirección.

El plan de clase trae muchas ventajas para el maestro y los alumnos:

  • Facilita el desarrollo de la clase en dirección a la meta
  • Proporciona una economía y más control del tiempo
  • Le recuerda al maestro los elementos esenciales en la clase (material necesario, tareas, avisos, métodos, etc.)
  • Organiza al maestro y a la clase, evitando así algunos imprevistos, contratiempos y detalles olvidados
  • Estimula la preparación previa de la clase
  • Conserva el procedimiento de la clase en un archivo para ser utilizado en el futuro
  • Facilita la evaluación y la reformulación de la clase

Con más de 30 años de experiencia acumulados entre nosotros en el salón de clase, ninguno de los dos logra recordar haber osado dar una clase sin por lo menos bosquejar primeramente un simple plan de clase. Desgraciadamente, para la mayoría de los maestros, un plan de clase parece un “chaleco-de-fuerza” y no una herramienta que nos libera para desarrollar nuestra creatividad.

En el intento de espantar algunos “fantasmas” que se mueven sobre el temible plan de clase, sugerimos un principio fundamental:

¡El plan de clase existe para el maestro, y no el maestro para el plan de clase!

Cada maestro necesita un plan. Pero el plan es siervo del maestro, y no al contrario. Por eso, es imprescindible que cada maestro descubra cómo organizar y estructurar su clase de acuerdo a su “gusto”, personalidad y habilidades.

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