Clásicos Cristianos – En Qué se Muestra Cómo Empezar Cada Día con Dios 9

 

Continuemos.

Por la mañana, por tanto, tengamos nuestros tratos con Dios y dediquémonos a los asuntos de la otra vida, antes de que nos veamos envueltos por los asuntos de ésta. Nuestro Señor Jesús nos dio ejemplo de esto, ya que como tenía el día lleno de actividades públicas para Dios y las almas de los hombres, se levantaba muy de mañana, y antes de que llegara nadie, se iba a orar a un lugar solitario. (Marcos 1:35.)

Por la mañana hemos recibido nuevas misericordias de Dios que deseamos reconocer con agradecimiento y alabanza. Él está haciéndonos bien y enviándonos sus beneficios continuamente. Cada día tenemos razones para bendecirle, porque Él nos bendice cada día; por la mañana de un modo particular, pues es cuando nos envía los frutos de su favor, que se nos dice que son nuevos cada mañana (Lamentaciones 3:23). Son nuevos porque aunque son los mismos que recibimos la mañana anterior, todavía son necesarios, y por ello podemos decir que son nuevos; por ello debemos repetir las expresiones de nuestra gratitud a Él y el afecto de devoción que, como el fuego del altar, debe ser renovado cada mañana. (Levítico 6:12.)

¿Hemos pasado una buena noche, y no tenemos un mensaje para enviar al trono de la gracia en agradecimiento? Éstas son mercedes dignas de nota que nos han sido concedidas a nosotros, pero negadas a otros; muchos no han tenido un lugar donde reclinar su cabeza; nuestro Maestro no lo tenía; las zorras tienen sus madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tenía donde reclinar su cabeza; pero nosotros tenemos casas en donde resguardarnos, habitaciones tranquilas y apacibles, quizás, incluso, señoriales; tenemos camas en que echarnos, calientes y cómodas, y nos vemos obligados a vagar por desiertos y montañas, cavernas y escondrijos de la tierra, como se han visto obligados a hacer muchos de los mejores santos de Dios, de los cuales el mundo no era digno.

Muchos tienen camas en que yacer, pero no se atreven a hacerlo, o no pueden hacerlo, pues les priva de ello la enfermedad de algún amigo o el temor que les inspiran sus enemigos. Pero nosotros hemos dormido y nadie nos ha aterrorizado, no ha habido alarma a causa de la espada, ni guerra ni persecución. Muchos se echan, pero no pueden dormir, sino que pasan la noche inquietos, revolviéndose de un sitio a otro hasta la madrugada, sea por dolor del cuerpo o ansiedad de la mente. Pasan noches de angustias en que no pueden pegar ojo; pero nosotros nos acostamos y hemos dormido sin ser perturbados, y nuestro sueño ha sido tranquilo y renovador, un paréntesis agradable entre nuestras ocupaciones y cuidados; es Dios el que nos ha dado el sueño, nos lo ha dado como lo da a aquellos a quienes ama. Muchos se echan para descansar y duermen, pero ya no se despiertan; duermen el sueño de la muerte, y sus camas son sus tumbas; pero nosotros hemos dormido y nos hemos despertado otra vez, descansados y refrescados; abrimos los ojos y vimos que todo era igual que antes, porque el Señor nos ha sostenido, y si Él no lo hubiera hecho nos habríamos hundido con nuestro propio peso cuando nos dormimos (Salmo 3:5).

¿Tenemos una mañana agradable? ¿Es la luz dulce para nosotros; la luz del sol, la luz de los ojos, nos regocija esto el corazón? ¿Y no deberíamos confesar nuestras obligaciones a Aquel que nos abre los ojos, y abre nuestros párpados por la mañana? ¿Tenemos vestidos para ponernos por la mañana, vestidos que nos calientan? (Job 37:17.) ¿Cambias tu vestido no por necesidad solamente, sino como adorno? Estos vestidos los tenemos de Dios; es su lana, su lino, que Él nos da para cubrir nuestra desnudez, y por la mañana, cuando nos vestimos, es el tiempo apropiado para darle las gracias por ellos; con todo, dudo de que lo hagamos con tanta regularidad como cuando nos sentamos a la mesa y damos las gracias por la comida, por más que tengamos las mismas razones para hacerlo. ¿Nos hallamos en salud y ágiles? ¿Hace tiempo que nos sentimos así? ¿No deberíamos estar agradecidos por esta constante serie de misericordias, como por los casos especiales de ellas, especialmente cuando consideramos cuántos hay enfermos y en dolor, y que nosotros podríamos hallarnos también así?

Quizás hemos experimentado alguna misericordia especial para nosotros mismos o nuestras familias, al ser preservados de un incendio o de ladrones, de peligros que ni aun conocíamos, algunos invisibles; quizás «el lloro duró una noche, pero con la mañana vino el gozo», y esto nos invita a reconocer la bondad de Dios. El ángel destructor se ha mostrado activo, y como saeta que vuela a medianoche ha tocado otras ventanas, pero por nuestras casas ha pasado de largo, gracias a Dios, porque la sangre del pacto había rociado nuestros postes, y por la ministración de los buenos ángeles hemos sido preservados de la malicia de los ángeles malos, los príncipes de las tinieblas de este mundo que se arrastran como animales de presa al amparo de la oscuridad. ¡Toda la gloria sea a los ángeles de Dios!

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Incrementar Nuestra Comunión con Dios”

Por Matthew Henry (Año 1712)

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