¿Cómo se pone en práctica la oración de autoridad?

Mencionemos algunos asuntos pequeños. Por ejemplo, supongamos que hay un humano que ha hecho algo ma­lo, y usted siente que debe ir a amonestarlo. Sin embar­go, existe una dificultad, y es que usted teme que él no va a oírlo. Usted no está seguro de si él aceptará su con­sejo o no. Pero si usted conoce la oración de autoridad, puede manejar este asunto más fácilmente. Usted puede orar: “Señor, no puedo ir a visitarlo, pero haz que él ven­ga”. Usted acude al trono para mover a ese hermano. Ciertamente, después de un breve tiempo, él acude a us­ted y le informa personalmente: “Hermano, hay algo en lo cual no estoy bien claro; ¿quiere usted aconsejarme al respecto?” Así usted puede aconsejarlo de la manera más conveniente. Esta es la oración de autoridad. Cosiste en no hacer nada por la fuerza propia, sino hacerlo lodo por medio del trono de Dios. La oración de autoridad no es implorarle a Dios que obre en contra de su voluntad, si­no que es notificarle que uno sabe qué debe hacerse, y Él lo hará.

La oración de autoridad puede controlar las condiciones atmosféricas y también a la gente. Jorge Müller tuvo tal experiencia. Una vez estaba navegando hacia Québec y se encontró con una espesa neblina. Le habló al capitán del barco: “Capitán, vengo a decirle que necesito estar en la ciudad de Québec el sábado por la tarde”. “Eso es im­posible”, respondió el capitán”. Entonces, si el barco no puede llevarme allí a tiempo, Dios tiene alguna otra ma­nera”, contestó Müller. Entonces se arrodilló e hizo la más simple oración. Luego le dijo al capitán: “Capitán, abra la puerta de su cabina y verá que ya se fue la nebli­na”. Cuando el capitán se levantó para ver, halló que la neblina se había esfumado. El hermano Müller llegó a la ciudad de Québec el sábado por la tarde y cumplió su compromiso. Esta es una oración de autoridad.

Si Dios ha de tener una compañía de vencedores, tiene que haber guerra de oración. Necesitamos batallar con­tra Satanás, no sólo cuando nos enfrentamos con algo, sino también cuando las cosas suceden en torno a noso­tros. Tenemos que controlar esas cosas a través del tro­no. Nadie puede ser un vencedor sin ser un guerrero de oración. Para que uno pueda ser verdaderamente un vencedor delante de Dios, tiene que aprender a hacer la oración de autoridad.

La Iglesia puede controlar el infierno utilizando la ora­ción de autoridad. Puesto que Cristo está sobre todo y es la Cabeza de la Iglesia, bien puede la Iglesia controlar a los espíritus malignos y todo lo que pertenece a Satanás. ¿Cómo podría la Iglesia existir en la Tierra, si no se le diera la autoridad para controlar a los espíritus malig­nos; si el Señor no le hubiera dado tal autoridad?

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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