La oración de autoridad puede dividirse en dos partes: por un lado ata, y por el otro, desata.

“Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. Lo que se hace en la Tierra, también se hace en el cielo. Esto es lo que leemos en Mateo 18:18. El versículo 19 continúa hablando acer­ca de la oración. Así que las acciones de atar y desatar se hacen por medio de la oración. La oración para atar y la oración para desatar son ambas oraciones de autoridad.

La oración común consiste en pedir a Dios que ate y de­sate, pero la oración de autoridad consiste en utilizar la autoridad para atar y desatar nosotros mismos. Dios en­tonces ata, por cuanto la Iglesia ya ha atado; y desata, por cuanto la Iglesia ya ha desatado. Dios le ha dada au­toridad a la Iglesia. Él hará lo que la Iglesia diga expre­sando esa autoridad.

Consideremos primero la oración para atar.

Hay muchas personas y cosas que necesitan ser atadas. Un hermano es demasiado hablador. Necesita ser atado. Usted puede acudir a Dios y decirle: “Oh Dios, no permitas que este hermano hable tanto. Átalo para que no lo haga más”. Así usted lo atará; pero también Dios lo atará en el cielo para que hable menos. O hay personas que interrumpen la oración en el estudio bíblico de usted. Tales personas pueden ser su esposa, o su marido, o sus hijos o sus ami­gos. Usted puede usar la autoridad para pronunciar una oración de atadura con respecto a esas personas que fre­cuentemente lo interrumpen. Puede orar: “Oh Dios, áta­los para que no hagan nada que me interrumpa”.

En un culto, algún hermano puede expresar cosas que no deben decirse, puede citar pasajes bíblicos inadecuados, o escoger himnos no apropiados. Tal persona necesita ser atada. Usted puede decir: “Señor, Fulano de Tal a menu­do comete errores; no permitas que él siga haciendo es­to”. Al atar de este modo, usted verá que Dios también lo atará. Algunas veces ciertas personas perturban la paz del culto; tal vez hablando, o llorando o andando de un lado a otro. Esas son actividades que a menudo suceden en un culto. Y las personas que perturban, son generalmente las mismas pocas personas. Hay que atar a esos individuos y sus acciones. Por tanto, usted puede decir: “Dios, nota­mos que estas personas siempre perturban el culto. Áta­las y no les permitas que perturben más”. Usted verá que si hay dos o tres en la Tierra que atan, Dios también ata­rá en el cielo.

No sólo deben ser atadas todas estas perturbaciones, si­no también muchas de las obras de los demonios. Cada vez que se predica el Evangelio o se da el testimonio de Cristo, el diablo estará obrando en las mentes humanas, susurrándoles muchas palabras e inyectándoles muchos pensamientos feos: en este caso, la Iglesia tiene que atar a esos espíritus malignos, prohibiéndoles que susurren y que trabajen. Uno debe declarar: “Señor, ata todas las obras de los espíritus malignos”. Si usted las ata en la Tierra, de igual manera serán atadas en el cielo.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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