El otro lado de la oración de autoridad es la oración pa­ra desatar. ¿Qué es lo que necesita ser desatado?

Ilustre­mos esto concretamente. Muchos hermanos tímidos no se atrevan a abrir su boca en un culto. Tienen miedo de dar testimonio de Cristo, de ver a la gente. Tenemos que pedir a Dios que desate a tales hermanos de la atadura que tienen. Algunas veces tal vez podamos exhortarlos con breves palabras; pero en muchas otras ocasiones no necesitamos decirles nada. En vez de ello nos acercamos al trono de Dios para que desde allí se controle la situa­ción. Hay personas que realmente deben salir y servir al Señor, sin embargo, están atadas, bien por la ocupación, por los negocios, por la familia, por los compañeros inconversos o por alguna circunstancia externa. Pueden estar atados por toda clase de cadenas. Pero podemos pedir al Señor que los libere para que salgan a dar testi­monio del Señor. ¿Nos damos cuenta de la necesidad de oración autoritativa? ¿Vemos realmente su urgente ne­cesidad?

En lo referente al dinero, este también debe ser desatado por medio de la oración. Satanás a veces aprieta el bolsi­llo del hombre. Algunas veces debernos pedir a Dios que se desate el dinero para que la obra de Él no sufra por ca­rencia económica.

La verdad también necesita ser desatada. Frecuente­mente debemos orar: “Oh Señor, desata tu verdad”. Mu­chas verdades están tan atadas, que no se las proclama; muchas verdades se proclaman, pero son pocos los que las oyen y las entienden. Por esta razón, debemos pedir a Dios que libere su verdad para que pueda penetrar hasta sus hijos. En muchos lugares parece que la verdad encuentra una barrera para penetrar; parece que no hay posibilidad de que la gente la reciba. ¡Cómo tenemos que pedirle a Dios que libere la verdad, para que mu­chas iglesias que están en atadura sean liberadas, y se abran muchos lugares que están cerrados! Sólo el Señor sabe cómo enviar la verdad a los lugares cerrados. Cuando oramos con autoridad, el Señor enviará la ver­dad. Por tanto, estemos alertas con respecto a las mu­chas cosas que tienen que ser desatadas por medio de la oración de autoridad.

Debemos poner especial atención en la oración para atar y para desatar. Hay muchas cosas que deben atarse y mu­chas que deben desatarse. En este caso no imploramos, sino más bien utilizamos la autoridad para atar y desatar. Que Dios nos mire con gracia para que todos podamos aprender a usar la oración de autoridad. No sólo tene­mos que aprender a orar, sino que también tenemos que saber cuál es la victoria de Cristo. En la victoria de Cris­to atamos, en la victoria de Cristo desatamos. Ataremos todas las cosas contrarias a la voluntad de Dios. La ora­ción de autoridad es el gobierno del cielo en la Tierra, o el uso de la autoridad del cielo sobre la Tierra.

Hoy no somos más que peregrinos en la Tierra. En reali­dad, cada uno de nosotros es una persona celestial. Por tanto, tenemos autoridad celestial. De ahí que todo lo que es llamado por el nombre del Señor es, en la Tierra, representante del Señor. Somos embajadores de Dios. Te­nemos la vida de Él y hemos sido liberados del poder de las tinieblas y trasladados al reino del amado Hijo de Dios. En consecuencia, poseemos la autoridad celestial. En todos los tiempos y en todos los lugares poseemos la autoridad del cielo. Podemos controlar los asuntos terre­nales por medio del cielo. Que Dios nos dé la gracia pa­ra poder ser verdaderamente guerreros de oración por amor al Señor, ejerciendo su autoridad como vencedo­res, para que la victoria de Cristo se manifieste.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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