Pasaje Clave: Mateo 18: 18, 19; Marcos 11: 23, 24; Efesios 1: 20-22; 2-6; 6: 12, 13, 18-19a.

En la Biblia se puede hallar cierta clase de oración que es la más elevada y la más espiritual, pero que, sin embar­go, pocas personas la advierten o hacen tal tipo de ora­ción. ¿Cuál es? Es “la oración de autoridad”. Conocemos la oración de alabanza, la oración de acción de gracias, la oración de petición y la oración de intercesión; pero es poco lo que sabemos de la oración de autoridad. La ora­ción de autoridad es la que ocupa un lugar muy signifi­cativo en la Palabra de Dios. Significa autoridad. Más aún, un mandamiento de autoridad.

Ahora bien, si deseamos ser hombres y mujeres de ora­ción, tenemos que aprender esta clase autoritativa de oración. Es la clase de oración a la cual el Señor se refie­re en Mateo 18: 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

Aquí está la oración de atar así como la de desatar. El movimiento del cielo sigue al movimiento de la Tierra. El cielo oye las palabras de la Tierra y actúa por mandamiento de la Tierra. Todo lo que está atado en la Tierra, será atado en el cielo; y todo lo que es desatado en la Tie­rra, será desatado en el cielo. No es una petición, sino una atadura lo que se hace en la Tierra; no es una peti­ción, sino una desatadura lo que se hace en la Tierra. Y esta es una oración de autoridad.

Tal expresión se encuentra en Isaías 45:11, donde dice: “Mandadme”. ¿Cómo nos atrevemos a mandar a Dios? ¿No es esto demasiado disparatado? ¿Demasiado pre­suntuoso? Pero esto es lo que el mismo Dios dice. Indu­dablemente, no debemos permitir que la carne entre aquí en lo más mínimo. Sin embargo, aquí se nos mues­tra que hay una clase de oración que manda. Según el punto de vista de Dios, nosotros podemos mandarlo a Él. Todos los que estudian la oración necesitan aprender específicamente tal declaración.

Echemos un repaso a la historia de Éxodo 14. Cuando Moisés sacó a los hijos de Israel de Egipto, llegó a las costas del mar Rojo. Surgió entonces un serio problema. Delante de ellos estaba el mar Rojo, y detrás los venían persiguiendo los egipcios. En ese momento, los israelitas se encontraron verdaderamente en un dilema. Veían a los egipcios que los perseguían, y se sentían completa­mente aterrados. Clamaron al Señor, por una parte, y murmuraron contra Moisés, por la otra. ¿Cómo reaccio­nó Moisés? Sabemos, por la Palabra de Dios, que Moisés clamó al Señor. Pero entonces Dios le dijo: “¿Por qué cla­mas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, v extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco” (vs.15-16). La vara que Dios le dio a Moisés representa autoridad. Así que lo que Dios quiso decir con estas pa­labras fue lo siguiente: “Tú no necesitas clamar a mí; puedes usar la oración de autoridad; haz la oración que manda, y yo obraré”. Así que, lo que Moisés aprendió y experimentó aquí fue la oración de autoridad, es decir, la oración que manda.

En nuestro tiempo, ¿dónde tiene su origen la oración de mandato para los cristianos? Lo tiene en la ascensión del Señor. La ascensión de Cristo está muy bien relacionada con la vida cristiana. ¿Cuál es la relación? la ascensión nos da la victoria. Así como la muerte de Cristo resuelve nuestra antigua creación en Adán, y la resurrección nos introduce a la nueva creación, así la ascensión nos da una nueva posición frente a Satanás. Esta no es una nue­va posición delante de Dios, pues tal posición se obtiene mediante la resurrección del Señor. Sin embargo, nuestra nueva posición frente a Satanás está asegurada por me­dio de la ascensión de Cristo.

Notemos las siguientes palabras de Efesios: “… la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza so­bre todas las cosas a la iglesia (1:20-22).

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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2 Comentarios

  1. Dios les bendiga. Con respecto al versículo de Isaías 45.11, creo que hay que leerlo un poco en contexto para entenderlo, porque la posición es precisamente la contraria a lo que aquí se expone. Es por eso que en la Nueva Versión Internacional, por ejemplo, dice “Así dice el Señor,
    el *Santo de Israel, su artífice: «¿Van acaso a pedirme cuentas del futuro de mis hijos, o a darme órdenes sobre la obra de mis manos?”

    Saludos,
    A

    • Hola Ansel. ¡¡Bienvenido!! Gracias por tu aporte. Sí, es el problema de las traducciones. Por eso lo mejor es comparar entre varias y chequear cuál es el concepto predominante entre todas. Un abrazo!!

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