Pasaje Clave: Mateo 6: 5-15.

Por lo general, de continuo hacemos hincapié en que las oraciones reciben contestación. Sin embargo, el Señor Jesús pone énfasis en que las oraciones reciben recom­pensa. ¿Cómo lo sabemos? Porque la palabra “recom­pensa” que se usa en el versículo 5 es la misma que se utiliza en el versículo 2 con respecto a las limosnas, y en el versículo 16 con al ayuno. Si la recompensa es la con­testación a la oración, ¿entonces qué significa dicha pa­labra en relación con las limosnas y con el ayuno? A juz­gar por el contexto, la recompensa aquí se refiere a la que se obtiene en el tiempo del reino. Aquí se nos indi­ca que la contestación a la oración es secundaria, mien­tras la recompensa de la oración es primaria.

Si nuestra oración está de acuerdo con la mente de Dios, no sólo se­rá respondida, sino que también será recordada en el fu­turo, en el Tribunal de Cristo, para su recompensa. Y por tanto, la oración que se menciona aquí nos impartirá jus­ticia, así como nos da respuesta hoy. En otras palabras, nuestra oración de hoy es nuestra justicia. Sin embargo, la justicia de la oración no se obtiene orando descuida­damente, sin piedad, habitualmente ni impropiamente. Por el contrario, el Señor nos enseña aquí que no debe­mos imitar las oraciones de dos clases de personas. Y también nos enseña una oración modelo.

1. No como los Hipócritas.

“Y cuando ores -dice el Señor-, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres”.

La oración es, en primer lugar, comunión con Dios para la manifestación de la gloria de Dios. Pero esos hipócritas usan la oración que debe glorificar a Dios para glorificar­se a sí mismos; en consecuencia, les gusta orar en las sina­gogas y en las esquinas de las calles. Actúan de este modo para ser vistos de los hombres, puesto que las sinagogas y las esquinas de las calles obviamente son lugares públicos donde se reúne la gente. No oran para que Dios los oiga, sino para ser vistos de los hombres. Se proponen manifes­tarse ellos mismos. Tal oración es excesivamente superfi­cial. No puede considerarse como una oración a Dios, ni como una comunión con Él. Puesto que el motivo de tal tipo de oración es recibir la gloria de los hombres, no es­tá registrada delante de Dios y, por tanto, no obtendrá na­da de Él. Ya han recibido su recompensa en la alabanza de los hombres, y por lo tanto no serán recordadas en el rei­no venidero.

¿Entonces cómo debemos orar? El Señor continúa: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y ce­rrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Pa­dre que ve en lo secreto te recompensará en público”. La pa­labra “aposento” es figurada en este caso. Así como las “sinagogas” y las “esquinas de las calles” sirven para re­presentar lugares públicos, así el “aposento” representa un lugar oculto. Ciertamente uno puede hallar un aposento aun en las esquinas de las calles y en las sinagogas, o en un camino abierto así como en un automóvil. ¿Por qué? Porque un aposento es un lugar donde usted tiene comu­nión con Dios en secreto, y en el cual no despliega su ora­ción a propósito. Las palabras “entra en tu aposento, y ce­rrada la puerta” significan cerrar la puerta para que el mundo quede afuera y nosotros quedemos adentro. En otras palabras, debemos descartar todas las voces de afue­ra, y callada y silenciosamente orar a nuestro Dios.

 

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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