Continuemos.

3. “Vosotros, pues, oraréis así”.

Ahora veamos cómo nos enseña el Señor a orar. Esta ora­ción se conoce comúnmente como la oración del Señor. Esta opinión está equivocada. Porque esta no es la ora­ción propia del Señor; es la oración que Él nos enseñó. Esto está muy claramente establecido en Lucas 11: 1-4. Debemos aprender muy bien esta oración.

“Vosotros, pues, oraréis así”. Orar así no significa repetir estas palabras cada vez que oramos. No, el Señor no quiere dar a entender eso de ningún modo. Él nos está enseñando cómo orar, no está diciéndonos que repita­mos estas palabras.

Desde que comenzó el mundo, a menudo se han ofreci­do oraciones a Dios. Generación tras generación, vez tras vez, incontables personas han acudido a Dios en oración. Raras veces hay personas que oran bien. Mu­chos piensan en lo que ellos mismos desean tener; pocos ponen atención a lo que Dios quiere. Por esta razón, el Señor Jesús abre su boca para enseñarnos a orar como aquí lo indica. Y este tipo de oración tiene un tremendo peso, grandeza y profundidad. Ahora bien, a menos que no tengamos la intención de aprender, tenemos que aprender a orar “así”, si de alguna manera hemos de aprender a orar. Porque Dios vino a la Tierra para hacer­se hombre, y por primera vez este hombre nos dice que sólo este tipo de oración es correcto.

El Señor quiere que oremos a “nuestro Padre que está en los cielos”. El nombre “Padre” es una nueva manera en que los hombres pueden dirigirse a Dios. Antes, los hom­bres lo llamaban, “el Dios Todopoderoso”, “el Altísimo”, “el eterno Dios” o “Jehová Dios”; nadie se atrevía a lla­mar a Dios “Padre”. Sólo aquellos que son engendrados de Él son los hijos de Dios. Sólo ellos pueden dirigirse a Dios como “Padre”. Esta es una oración que se hace al “Padre nuestro que estás en los cielos” y, por tanto, la ha­cen los que se basan en que son hijos de Él. Cuán dulce y consolador es poder acudir a Dios y decirle: “Padre nuestro que estás en los cielos”.

Originalmente, sólo nuestro Señor Jesús podía llamar a Dios “Padre”; pero ahora, el Señor quiere que nosotros también lo llamemos “Padre nuestro”. Grande en ver­dad es esta revelación. Si no fuera por el hecho de que Dios nos amó tanto y dio a su hijo unigénito por noso­tros, ¿cómo podríamos llamarlo jamás “Padre nuestro”? Gracias a Dios, por la muerte y resurrección de su Hijo, hemos llegado a ser hijos de Dios. Hemos obtenido una nueva posición. De aquí en adelante, nuestra oración se hace a nuestro Padre que está en los cielos. ¡Cuán ínti­mo, cuán libre y cuán exaltado es este hecho! Que el Es­píritu del Señor nos dé mayor comprensión de Dios co­mo Padre, y también la confianza de que nuestro Padre es a la vez amante y paciente. Él no sólo oirá nuestra oración, sino que hará que tengamos el gozo de orar también.

Esta oración puede dividirse en tres parte: la primera pertenece a las cosas de Dios, y es la oración que expre­sa los tres deseos de nuestro corazón para con Dios (versículos 9, 10), que son de naturaleza más básica; la segunda atañe a nuestros propios asuntos, y está consti­tuida por peticiones para que Dios nos proteja (versículos 11, 13a); en tanto que la tercera es nuestra declaración, es decir, nuestras alabanzas a Dios (versículo 13b). Conside­remos cada una de estas partes por separado.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

4 Comentarios

  1. Excelente! Gracias padre por la vida de estas personas y su ministerio. Los Devocionales realmente enseñan cada día, construyen, forman en el conocimiento de la palabra y por tanto de su autor Dios. Una vez mas, la gloria sea para el padre que levanta líderes como uds.

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