Devocionales Cristianos – Bienaventurados los que Padecen Persecución por Causa de la Justicia.

 

Pasaje clave: Mateo 5:10-12.

 

Persecución.

Puede parecer extraño que Jesús pase de la pacificación a la persecución, de la obra de reconciliación a la experiencia de hostilidad. Sin embargo, por mucho que nos esforcemos por hacer la paz con algunas personas, ellas se rehúsan a vivir en paz con nosotros. No todos los intentos de reconciliación tienen éxito.

En verdad, algunos toman la iniciativa para oponérsenos, y en particular para “denigramos” o calumniamos. Esto no es por nuestras debilidades o por nuestra idiosincrasia, sino “por causa de la justicia” y “por mi causa”, es decir, porque ellos encuentran desabrida la justicia que a nosotros nos causa hambre y sed, y porque han rechazado al Cristo que nosotros procuramos seguir. La persecución es simplemente la colisión entre dos sistemas de valores irreconciliables entre sí.

¿Cómo esperaba Jesús que reaccionaran sus discípulos ante la persecución?

Vs.12: “Gozaos y alegraos”.

No debemos desquitarnos como lo haría un no creyente, ni ponernos de mal humor como lo haría un niño, ni lamer nuestras heridas en auto compasión como lo haría un perro, ni simplemente sonreír y soportar como lo haría un estoico, menos aún fingir que disfrutamos como haría un masoquista. ¿Qué debemos hacer entonces? Debemos regocijarnos como un cristiano debe regocijarse y aun “saltar de gozo”. ¿Por qué?

En parte, porque añadió Jesús, vuestro galardón es grande en los cielos (l2a). Podemos perder todo en la tierra, pero heredaremos todo en los cielos no como galardón por méritos, sin embargo, puesto que “la promesa del galardón es gratuita”. Y en parte porque la persecución es señal de genuinidad, certificado de autenticidad cristiana, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros (12b).

Si padecemos persecución hoy, pertenecemos a una noble genealogía. Pero la mayor razón por la cual debemos regocijarnos es porque sufrimos, dijo, “por mi causa”, por causa de nuestra lealtad a él y a sus normas de verdad y justicia.

Ciertamente los apóstoles aprendieron bien esta lección por que habiendo sido golpeados y amenazados por el Sanedrín, “ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”. Ellos supieron, como nosotros deberíamos saber que las “ofensas y heridas son medallas de honor”.

Es importante notar que esta referencia a la persecución es una bienaventuranza como el resto. En verdad, tiene la distinción de ser una doble bienaventuranza, porque Jesucristo primero la enunció en tercera persona como las otras siete: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia”. Y luego “Bienaventurados sois cuando os vituperen y os persigan”.

Puesto que todas las bienaventuranzas describen lo que todo discípulo cristiano está destinado a ser, concluimos que la condición de padecer desprecio, rechazo, calumnia y persecución, es una marca normal del discipulado cristiano tal como lo es ser de limpio corazón o misericordioso. Todo cristiano debe ser un pacificador, y todo cristiano debe esperar oposición. Aquellos que tienen hambre de justicia sufrirán por la justicia que ansían.

Jesús lo dijo así, tanto aquí como en otras partes. Así lo dijeron también sus apóstoles Pedro y Pablo. Así ha sido en toda época. No deberíamos sorprendernos si la hostilidad anticristiana aumenta, sino más bien sorprendernos si no sucede así.

Necesitamos recordar el “ay” complementario que registra Lucas: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros”.

La popularidad universal fue la suerte de los falsos profetas del mismo modo que la persecución lo fue de los verdaderos.

Seguir a Cristo es estar vinculado al Cristo sufriente. Por eso el sufrimiento de los cristianos no tiene nada de desconcertante. Es, más bien, gracia y alegría”.

Extracto del libro “El Sermón del Monte”

Por John Stott

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre