Devocionales Cristianos – Actitudes Que Marcan la Diferencia

 

Pasaje clave: Mateo 9:1-13.

 

1. Sus Amigos lo Llevaron a un Encuentro.

Mt.9:1-8. Era paralítico y por sí mismo no podía moverse, pero quería cambiar. Sus amigos lo ayudaron, y lo llevaron a un encuentro con Jesús. ¿El resultado? No solamente sus pecados fueron perdonados, sino que su cuerpo fue sanado.

El deseo del paralítico, la actitud de sus amigos y el encuentro con Jesús, produjo el milagro. Pero si no hubiera sido por la insistencia de los amigos el paralítico hubiera muerto paralítico y condenado.

La actitud de todos marcó la diferencia: el paralítico quiso ser sanado, los amigos trabajaron para que el encuentro se concretase y finalmente, Jesús lo restauró.

Tú y yo, somos “los amigos”. Los que no conocen a Jesús son como “el paralítico”. Y Jesús… ya sabemos quién es. Cada persona a la que llevemos a un encuentro con Jesús será un “paralítico” menos, un pecador menos, un condenado menos, será un salvado más, un discípulo más, un líder más, un profeta y apóstol más.

 

2. Dios Ve lo que Nosotros No Vemos.

A. ¿Quién era Mateo?

Mt.9:9, Mr.2:14, Lc.5:27. También llamado Leví, hijo de Alfeo. Era un publicano, un cobrador de impuestos.

Los publicanos tenían una pésima imagen y peor fama: eran explotadores, extorsionadores, corruptos y ladrones. Y por lo tanto eran los más repudiados y odiados, a tal punto que habían sido excomulgados de las sinagogas por sus propios hermanos judíos. Así era Mateo.

 

B. Jesús lo Ve y lo Llama.

Mateo escucha y obedece la voz de Jesús. Deja todo y lo sigue. Esa actitud marcó la diferencia para el resto de su vida. Nuestra actitud es la diferencia entre el éxito y el fracaso. A partir de ese momento, el corrupto Mateo, el Mateo ladrón, el odiado y rechazado Mateo, se transforma y ahora es el discípulo Mateo, y luego será el apóstol Mateo y más tarde el evangelista Mateo.

No cambió la gente que lo rodeaba. No cambió su familia. No fueron ni sus padres ni sus hijos quienes cambiaron. No cambio su esposa o su esposo. No cambiaron los compañeros del colegio ni del trabajo. Él cambió su actitud. Y al cambiar su actitud, cambio su vida y cambió su destino.

No cambiaron sus discípulos, no cambió su líder o pastor. Él cambio su actitud.

Nuestra actitud transforma los problemas en bendiciones.

¿Quién de nosotros hubiera escogido a esa persona para algo “espiritual”? ¡Ninguno de nosotros!

¿Quién de nosotros hubiera pensado en él para algo importante? ¡Nadie!

Pero Jesús ve lo que nosotros no vemos.

Jesús no ve al odiado, al despreciado, al pecador. Jesús ve a un discípulo. Jesús está viendo al apóstol. Jesús está viendo a un evangelista, a un maestro, a un líder, a uno que hace milagros.

La actitud de Jesús despertó a Mateo. Pero fue la actitud del propio Mateo quien transformó su corazón y su futuro.

¿Qué ves cuando miras a las personas que te rodean?

¿Y qué ves cuando te miras a ti mismo/a?

¿Te ve a ti mismo tal como Dios te ve, o te ves y te tratas a ti mismo desde el desprecio, desde el rechazo, desde el abuso o desde el abandono?

Para cambiar tu manera de verte a vos mismo/a y de ver a los demás, tiene que cambiar tu actitud. Y tu actitud cambia cuando te empiezas a ver y a tratar tal como Dios te ve y te trata. Y cuando ves a los demás tal como Dios los ve.

Por Edgardo Tosoni

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