SOMOS LOS QUE TRANSFORMAN AL MUNDO

Dicen que los niños y los locos siempre dicen la verdad… si este es el caso prestemos atención a lo que dice una horda de gente enloquecida en contra del Apóstol Pablo:

Hch.17:6-7. Gritando: «¡Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá, y Jasón los ha recibido en su casa! Todos ellos actúan en contra de los decretos del emperador, afirmando que hay otro rey, uno que se llama Jesús.»

Aunque la fundamentación de sus acciones es maliciosa (actúan en contra de los decretos del emperador) las acusaciones son llamativas:

  • Trastornar el mundo entero.
  • Tienen otro rey, Jesús.

“Más claro échale agua” La marca del Cristianismo es que hemos decidido obedecer a Jesús por encima de cualquier autoridad. La mayoría de las veces no tenemos problema, porque Jesús nos manda amar al prójimo, respetar a las autoridades, comportarnos correctamente, ser buenos esposos, ser buenos ciudadanos. El conflicto se presenta con la misión, estamos llamados a alcanzar el mundo con la palabra y allí la cosa se pone álgida, porque mientras nosotros trabajamos en transformar al mundo, ellos opinan que lo estamos trastornando. Y no hay punto de acuerdo en ello… porque aunque se refiere a la misma acción se evalúa de distintos ángulos.

Las personas consideran que nosotros trastornamos porque “ponemos el mundo de cabeza”, esto dice la palabra que se usa. Si alguna vez ha hecho la vertical sabrá lo que significa, aparte de que se le vaya la sangre a la cabeza y que se le caiga todo de los bolsillos, usted se siente totalmente confundido porque ve todo al revés. Esa es la sensación del que nos escucha… Un varón pensaba que era hombre porque tenía varias mujeres y nosotros venimos y le decimos que ser hombre es ser fiel a una sola. Aquella persona pensaba que valía cuanto más dinero tenía y nosotros le decimos que “la vida de la persona no consiste en la abundancia de bienes que tiene”. Ese joven escuchaba que tenía que disfrutar la vida y hacer lo que sintiera, que debía  obedecer a su cuerpo y su alma y venimos nosotros le decimos “acuérdate de tu creador” y “sobre toda cosa que hagas te juzgará Dios”.

Por el otro lado, nosotros creemos firmemente que estamos transformando al mundo porque estamos dando con el evangelio la reconexión con Dios. Entendemos que si no nos reconectamos con Dios no tenemos posibilidad de vivir una vida plenitud, no importa lo que tengamos, las personas necesitan conocer a Jesús. Por eso, asumimos una contracultura fiel a lo que Dios nos demanda y lo publicamos, sabiendo que aunque el individuo tiene plena libertad de rechazarlo, debe saber que está rechazando a Dios y no a una ideología. Como decía anoche, nosotros no trabajamos para mejorar el mundo, ese es trabajo de la política, nuestro trabajo es transformar al mundo que es totalmente diferente.

La mayoría de los problemas que tenemos es que se considera que estamos empecinados en cambiarlos… y tienen razón. Para ellos nosotros somos trastornados, locos que queremos volverlos locos a ellos y nosotros sentimos que la cordura y la sensatez ha llegado por fin a nuestra vida. La pregunta del porqué de nuestra obstinación se responde con las acusaciones: tenemos otro rey Jesús y como dirían en Pedro en Hch.5:29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”, o quizás en 4:20 “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”

Hoy es un día de testimonio, de trastornar al mundo. Me comprometo no solo en vivir sino traer el reino a la tierra. Le testificaré a alguien del amor de Dios, de lo que ha hecho conmigo, impartiré sus valores y los encarnaré. Hoy vuelvo a jurar lealtad por sobre todo nombre que se nombra en la tierra, en los cielos y debajo de la tierra al nombre de Jesús quien es mi Rey y mi Señor.

PD: Antes de salir de casa, toma un tratado, una porción bíblica, imprimí algún día de reconexión y entregalo a un amigo (un consejo: busca uno que hable de un interés para ellos como sería vivir mejor o que imparta un valor). Hace de esto una disciplina en tu vida, que el hombre que se prepara encuentra la ocasión. Un abrazo.

Por Daniel Cattaneo

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