Pasaje Clave: Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví (Nehemías 2:11-15)

La transformación debe surgir del corazón de alguien que conozca la realidad de primera mano. Nehemías ha escuchado lo que pasa en Jerusalén, pero ahora debe verlo con sus propios ojos. Debe ver el muro caído y las puertas quemadas a fuego. Debe recorrer la devastación y ser incomodado por las ruinas.

Esto es lo mismo que Jesús hizo, Él sabía de nuestra angustia, de nuestro dolor, sin embargo, entendió que era imprescindible para el cambio de la realidad, que  lo palpara de primera mano. Por eso  “Cristo Jesús… siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”(Filipenses 2:5-7 RVR1960)

Necesitamos ponernos al lado de nuestra gente para ayudarle a salir del pozo y de la postración. Caminar las calles, hablar con la madre que tiene a un hijo preso, sentarnos al lado del que está de duelo, oír al que está solo.

Oración: Señor, hazme sensible, comprensivo y activo con la realidad de mi ciudad. Entender su dolor me enseñara como ayudar a la solución. Hoy hazme acercarme a alguien necesitado y bendecirlo con el amor de Dios.

Por Patricia y Daniel Cattaneo

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