Devocional Diario – FINALES FELICES

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Y FUERON FELICES PARA SIEMPRE…

Me gustan los finales felices. El domingo empezó a cerrarse el final de temporada de una serie que le gusta a mis hijos: “Game of Thrones” o “Juego de tronos”. Yo estaba en la cocina leyendo, con el televisor bajo en un programa periodístico y de pronto siento los gritos en el living de unos diez jóvenes que todos los domingos después del culto se vienen a ver la serie a casa. ¿Qué había pasado? Uno de los personajes favoritos había sido asesinado, su esposa embarazada acuchillada, su madre asaeteada… Un desastre. Las chicas gritaban, lo varones decían: No!!! Al día siguiente Rob Stark fue TT mundial. ¿Cuál es la razón? A todos nos gustan los finales felices y cuando no se dan nos conmocionan.

Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. (Hechos 28:30-31)

Este es el final de los libros de los hechos. Dígame su opinión: ¿es este un final feliz? Seguramente alguien dirá: “Claro que no! Pablo está preso, tiene guardia asignada, no puede salir del lugar”, y quien diga esto, tiene razón. Pero por el otro lado, desde el punto de vista de Lucas, este es un final feliz, porque Pablo está predicando. Las circunstancias pueden ser buenas o malas, ser cambiantes, pero lo importante, parece opinar Lucas,  es que el Reino no se detiene.

Esta opinión no es solo de Lucas. Pablo escribe más o menos en este tiempo a los filipenses lo siguiente: Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. (Filipenses 1:12-14)

Para Pablo las circunstancias no eran factores que afectaran su ánimo, lo que gobernaba su vida era el cumplimiento de la misión. ¿Qué gobierna mi ánimo? ¿Cuál sería un final feliz para mi vida? ¿Cómo me gustaría que terminará el libro de los hechos míos?

Recuerdo que siendo un adolescente y me enteré que Ernesto Bianco, un gran actor argentino, había muerto actuando y pensé: Que lindo murió haciendo lo que amaba!!! Morir con las botas puestas!!!

Mucha gente le teme a la muerte prematura, a la enfermedad terminal, a la falta de dinero, al accidente… Si bien esto no es lindo, para mí sería triste terminar en baja, no cumpliendo mi misión, cerrado otra vez al mover del Espíritu,  siendo un tapón para los que vienen detrás en vez de un trampolín.

Yo sueño terminar mis días con un spring final que me haga cruzar la meta a toda velocidad,  que mi música se parezca más a una sinfonía con la última acometida que a una balada que se apaga musitando. Morir con las botas puestas… Qué bueno!!! Ese es un gran final.

Hay gente que no le gusta hablar de esto, pero siendo la muerte una de las cosas de la que podemos estar absolutamente seguro que ocurrirá… Sería bueno empezar ahora a ordenar los valores para que mi final sea un final feliz. El viejo apóstol escribiéndole a su hijo Timoteo le dice:

Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2 Timoteo 4:6-8)

Sienta el ritmo prestisimo de los últimos compases del apóstol, son energía pura, son pasión, son el grito de un león al que, aunque encerrado, no le han podido arrebatar lo salvaje en su interior. El final de Pablo es feliz porque ha cumplido el propósito. No importaron los latigazos, los naufragios, las prisiones, no importará el martirio al cual el ve como un sacrificio, una ofrenda… Nada importa, si termino siendo fiel y predicando todo está bien… Ese es un final feliz.

Hoy es un día de revaluación de mi vida… ¿Cuándo será mi final? No lo sé, calculo que faltan unos cuantos años… Pero como no lo sé… ¿No sería sabio que viviera como quiero terminar? ¿Cómo quiero terminar? Quiero terminar predicando, sirviendo, ofrendando, amando, ayudando, alentando a otros a la superación, quiero terminar en santidad, quiero terminar en victoria, quiero terminar rodeado por los que amo y rodeando a los que amo…. No puedo arriesgarme a tener un final trágico… La mayor tragedia en la vida de un hombre es el sin sentido, es haber vivido sin dejar huellas. No vaya ser que me descuide y la muerte venga de puntas de pies y me encuentre aburguesado o “corriendo con la fusta bajo el brazo”.

Quizás en este punto la oración del viejo corsario de la reina de Inglaterra nos sirva: “Moléstanos, Señor, cuando estemos demasiado satisfechos con nosotros mismos. Cuando nuestros sueños se hayan hecho realidad porque soñamos demasiado poco. Cuando lleguemos sanos y salvos porque navegamos demasiado cerca de la orilla. Moléstanos Señor” (Sir Francis Drake)

Por Daniel Cattaneo

 

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