Devocional Diario – Max Lucado CUANDO OTROS TE DESILUSIONEN 2

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Devocionales Cristianos – Cuando Otros Te Desilusionen 2

 

Continuemos.

Eran buenos discípulos. De buen corazón. Y sus oraciones sinceras. Sólo que sus expectativas estaban erradas… Y el punto en cuestión es que el conocimiento de Dios acerca de la vida es mayor que el nuestro.

La gente quería que Él redimiese a Israel, pero Él sabía lo que les convenía. Prefería que su pueblo fuera oprimido temporalmente y no que se perdiera eternamente. Al ser forzado a escoger entre una batalla contra Pilato y una contra Satanás, optó por la batalla que no podríamos ganar nosotros. Dijo no a lo que ellos querían y sí a lo que necesitaban. Le dijo no a la liberación de Israel y sí a la liberación de la humanidad. Y una vez más, ¿no le alegra lo que hizo? ¿No le alegra lo que hace?

Ahora sea sincero. ¿Nos produce alegría que diga no a lo que queremos y sí a lo que necesitamos? No siempre. Si pedimos un nuevo matrimonio y Él dice honra el que tienes, no nos da felicidad. Si le pedimos sanidad y Él dice aprende por medio del dolor, no nos produce felicidad. Si le pedimos más dinero y Él dice que atesoremos lo invisible, no siempre nos da felicidad.

Cuando Dios no hace lo que queremos, no resulta fácil. Nunca lo ha sido. Nunca lo será. Pero la fe es la convicción de que Dios sabe más que nosotros con respecto a esta vida y nos llevará a buen destino.

Recuerde que la desilusión es producida por las expectativas insatisfechas.

¿Qué es lo que queremos? Eso es lo que Jesús les preguntó a los discípulos. ¿Qué es lo que quieren? ¿Quieren libertad temporal o eterna? Jesús se dedica a la tarea de reestructurar sus expectativas.

¿Sabe lo que hizo? Les contó la historia. No cualquier historia. Les relató la historia de Dios y de su plan para las personas (vs.27).

Fascinante. La cura de Jesús para el corazón destrozado es la historia de Dios. Comenzó por Moisés y finalizó consigo mismo. ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué volvió a contar el antiguo relato? ¿Por qué retrocedió unos dos mil años hasta la historia de Moisés? Creo que sé el porqué. Lo sé porque lo que ellos oyeron es lo que todos necesitamos oír cuando estamos desilusionados.

Necesitamos escuchar que Dios aún tiene el control. Que no se acabará hasta que Él así lo disponga. Necesitamos oír que las desventuras y las tragedias no son motivos suficientes para darse por vencido. Sólo son motivos para mantenerse firmes.

Corrie ten Boom solía decir: «Cuando el tren atraviesa un túnel y el mundo se vuelve oscuro, ¿saltas por la ventanilla? Por supuesto que no. Te quedas quieto y confías en que el conductor te llevará fuera de allí».

¿Por qué contó Jesús la historia? Para que supiésemos que el conductor aún controla el tren.

¿Cómo tratar con el desánimo? ¿La cura para la desilusión? Regrese a la historia. Léela una y otra vez. Comprenda que no es la primera persona que ha llorado. Y que no es tampoco la primera en recibir ayuda. Lea la historia y recuerde que ¡su historia también es suya!

¿El desafío resulta demasiado grande? Lea la historia. Es usted el que cruza el Mar Rojo con Moisés.

¿Demasiadas preocupaciones? Lea la historia. Es usted el que recibe la comida del cielo junto con los israelitas.

¿Sus heridas son demasiado profundas? Lea la historia. Usted es José perdonando a sus hermanos por haberlo traicionado.

¿Sus enemigos son demasiado poderosos? Lea la historia. Usted es el que marcha con Josafat a una batalla que ya ha sido ganada.

¿Sus desilusiones le pesan demasiado? Lea la historia de los discípulos que iban camino a Emaús. El Salvador que ellos pensaban que estaba muerto estaba caminando a su lado. Entró a la casa de ellos y se sentó a su mesa. Y algo sucedió dentro de sus corazones. «¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?» (vs.32).

La próxima vez que se sienta desilusionado, no se deje vencer por el pánico. No salte por la ventanilla. No se dé por vencido. Sólo sea paciente y permítale a Dios que le recuerde que Él sigue estando al mando.

Extracto del libro “Todavía Remueve Piedras”

Por Max Lucado

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