La Promesa de Dios en la Cruz

Pasajes Claves: Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que quien crea en él no perezca sino que tenga vida eterna (Juan 3.16).

Por nuestro bien él hizo pecado al que no conoció pecado, para que en él pudiéramos llegar a ser justicia de Dios (2 Corintios 5.21).

Pero Dios demostró su amor por nosotros en esto: Mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5.8).

A menudo la gente me pregunta cómo se pronuncia mi apellido; si Lu-key-do o Lu-ka-do. Aunque oficialmente la pronunciación es Lu-key-do, no hay problema con Lu-ka-do. (Sin embargo, es posible que estemos equivocados, porque cuando Billy Graham vino a San Antonio, se refirió a mí como Max Lu-ka-do. Y supongo que si Billy Graham dice Lu-ka-do, es porque tiene que ser Lu-ka-do.)

Confusiones sobre los nombres han creado momentos embarazosos. Algo así ocurrió cuando visité a uno de los miembros de la iglesia en su oficina. Una de sus colegas me reconoció. Nos había visitado en la iglesia y había leído algunos de mis libros. «¡Max Lu-ka-do!» exclamó. «Había estado esperando el momento de reunirme con usted».

Habría sido feo corregirla aun antes de conocernos de modo que solo sonreí y le dije hola, creyendo que ahí se terminaría todo. Pero era apenas el comienzo. Quería que conociera a algunos amigos suyos; así es que me llevó hasta donde estaban. Y con cada presentación, venía una mala pronunciación. «Sally, te presento a Max Lu-ka-do». «Joe, te presento a Max Lu-ka-do». «Bob, te presento a Max Lu-ka-do». «Tom, te presento a Max Lu-kado». Yo sonrío y aparento que todo está bien, incapaz de hacer algo para corregirla. Aparte de eso, después de media docena de veces, ya no había forma de corregirla. Hacerlo habría sido demasiado complicado, de modo que mantuve la boca cerrada.

Pero entonces, las cosas cambiaron. Finalmente, nos encontramos con un empleado que le salió al paso. «Me alegro de tenerle por acá» nos dijo mientras entrábamos a su oficina. «Mi esposa y yo estuvimos en el culto el domingo, y salimos tratando de saber cómo se pronuncia su nombre. ¿Es Lu-key-do o Lu-ka-do?». Me sentí atrapado. Si decía la verdad, ella se vería en un aprieto. Si mentía, él no recibiría la información correcta. Había que ser misericordioso con ella. Había que ser preciso con él. Quería ser amable con ella y sincero con él pero ¿cómo ser ambas cosas al mismo tiempo? No podía. De modo que mentí. Por primera vez en mi vida, dije: «Lu-ka-do, mi nombre se pronuncia Lu-ka-do».

Que me perdonen mis antepasados. Pero ese momento no dejó de tener su valor. La situación permite vislumbrar algo del carácter de Dios. En una escala infinitamente mayor, Dios se enfrenta con la humanidad de la misma manera que yo me enfrenté con aquella dama. ¿Cómo puede ser justo y amable a la misma vez? ¿Cómo puede ser veraz y misericordioso al mismo tiempo? ¿Cómo puede redimir al pecador sin endosar el pecado?

¿Puede un Dios santo pasar por alto nuestras faltas? ¿Puede un Dios amable castigar nuestras faltas? Desde nuestra perspectiva, hay solo dos soluciones igualmente inapelables. Pero desde su perspectiva, hay una tercera. Esta se llama «la Cruz de Cristo».

La cruz. ¿Puedes dirigir la mirada a cualquiera parte sin ver una? Encaramada en lo alto de una capilla. Esculpida en una lápida en el cementerio. Tallada en un anillo o suspendida de una cadena. La cruz es el símbolo universal del Cristianismo. Extraña decisión, ¿no crees? Extraño que un instrumento de tortura llegara a representar un movimiento de esperanza. Los símbolos de otras religiones son más optimistas: la estrella de seis puntas de David, la luna en cuarto creciente del Islam, una flor de loto del Budismo. ¿Pero una cruz para el Cristianismo? ¿Un instrumento de ejecución?

¿Te pondrías una pequeña silla eléctrica en el cuello? ¿Suspenderías una horca de oro plateado en la muralla? ¿Imprimirías una foto de un pelotón de fusilamiento en una tarjeta de negocios? Pero eso es lo que nosotros hacemos con la cruz. Muchos incluso hacen la señal de la cruz cuando oran. ¿Por qué no hacer la señal de la guillotina? En lugar de la señal triangular que la gente se hace en la frente y en el pecho, ¿por qué no un golpe de karate en la palma de la mano? ¿No vendría a ser lo mismo?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Él Escogió Los Clavos”

Por Max Lucado

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