Cuando Jesús tenía unos panes y unos peces, Él vio multiplicación. Cuando estaba sobre el mar, Él no vio el mar, sino un puente sobre dónde caminar. Cuando estaba en una fiesta y no había vino para tomar, Él no vio agua, sino agua cambiada en vino. A Jesús nunca lo vas a encontrar diciendo: “No se puede”. Nunca dijo la pa­labra “imposible”, porque su mente estaba orientada a la resolución de problemas. Nunca tuvo ansiedad. Nunca conoció límite ni tampoco le temió al diablo porque su mentalidad estaba orientada hacia la bendición. Si vos querés tomar decisiones, empezá a orientar tu mentalidad hacia la bendición porque bendición y prosperi­dad es tu herencia.

Prosperidad no es tener cosas, sino tener acceso a los bienes de Dios. Por ejemplo, tengo un traje costoso, pero el traje no es prosperidad porque puedo comer un sándwich de tomate y ensuciármelo; tengo un coche nuevo, pero esto no es prosperidad, porque si me lo roban, se me iría la prosperidad. Prosperidad no es tener dinero, porque hoy tenés dinero, pero si te lo roban, se te fue la prosperidad. Prosperidad es acceder a los bienes de Dios.

Perdiste un coche, no importa, porque tu prosperidad no es el coche, sino acceder a Aquel que me dio el coche, porque Aquel que me lo dio, tiene otros coches para darme. No me voy a preocupar porque Aquel que me dio el traje que se ensució, es Aquel que me dará otros trajes en el Nombre del Señor.

Prosperidad no es lo que tengo, es que puedo ir a Aquel que me dio lo que tengo para darme mucho más.

Si entendés la definición de prosperidad nunca más vas a estar preocupado. Hoy perdiste el trabajo pero no dejaste de ser próspero, porque prosperidad no es tener el trabajo que tenías, es ir a la fuente de Aquel que tiene miles de trabajos mejores para darte.

Dios va a levantar una iglesia próspera que va a tener acceso a los bienes de Dios. Buscá siempre la bendición.

Hay gente que dice: “Yo no quiero prosperidad, yo quiero hacer la voluntad de Dios”. La voluntad de Dios está en tu pasión, en lo que te apasiona, en lo que te entusiasma: la música, el teatro, ser empresario, etc. Eso que te gusta es la voluntad de Dios. Él escondió su voluntad en tu pasión. “Deléitate en el Señor y Él concede­rá las peticiones de su voluntad que escondió en tu corazón”. La voluntad de Dios es tu pasión, y tu pasión es la voluntad de Dios. Él te dará acceso a sus bienes para cumplir su voluntad.

Tenés que decirle al diablo: “Me hubieses matado cuando podías, porque ahora es­toy teniendo mentalidad de bendición. Seré tu peor pesadilla porque entraré a los bienes de Dios y los tomaré. Aquello que me has robado, volverá a mi mano, en el nombre del Señor. Tomaré las mejores decisiones que nunca jamás la iglesia tomó”. Dios va a levantar una iglesia próspera, rica, bendecida, sana y en victoria. En Romanos 8:32 dice: “El que no escatimó ni a su propio Hijo sino que nos lo entre­gó, ¿cómo no nos dará todas las cosas?” Si Dios me dio la sangre de Cristo, ¿cómo no me va a dar la casa que quiero? Si Él entregó la sangre de su hijo, ¿cómo no me dará un trabajo próspero? ¿Cómo no recibiré la sanidad? Aquel que nos dio a su Hijo, me dará todas las cosas con Él.

Durante una noche de Diciembre de 1914, alguien en la planta de Edison gritó: “¡Fuego!” De repente todas las sustancias químicas, las cintas de celu­loide y los discos ardieron. Bomberos de ocho poblados cercanos llegaron para combatir el incendio, pero la voracidad de las llamas y la baja presión del agua hicieron inútiles los esfuezos. Esa noche Tomás Edison lo perdió todo. El hijo recuerda el pánico que sintió mientras buscaba a su padre. ¿Estaba vivo todavía? Si lo estaba, ¿estaría tan abrumado por la pérdida que jamás volvería a trabajar? Entonces, surgiendo de la oscuridad vio que su padre corría hacia él. “¿Dónde está mamá?”, le preguntó a gritos su padre. “Vé tráela, hijo. Dile que se apure y que traiga a sus amigas. ¡Nunca volverán a ver un incendio como este!”

A la mañana siguiente Tomás Edison reunió a sus empleados y les anunció: “Vamos a reconstruir la planta”. Luego dio orden a algunos de sus hombres para que hicieran arreglos en cuánto a remover los escombros, y a otros les dio instrucciones de contactar algunas tiendas en el área para que continuaran trabajando. Luego, como algo que se le ocurrió a último momento, les pregun­tó: “A propósito, ¿sabe alguien dónde puedo conseguir algo de dinero?” Tomás Edison descubrió mil ochocientas maneras en que una bombilla no funcionaba, antes de descubrir la manera correcta.

PROSPERIDAD ES QUE PUEDO IR A AQUEL QUE ME DIO LO QUE TENGO PARA DARME MUCHO MÁS.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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