DETERMINA UNA ATMÓSFERA DE BENDICIÓN

“Bendito serás tú en la ciudad y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra;… Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir” (Deuteronomio 28:3).

La calidad de mis pensamientos determinará la calidad de mi vida, cómo voy a vivir. Jesús nunca hizo una reunión para llenar a los discípulos del Espíritu Santo, sola­mente les sopló luego de resucitado. Un toque de la unción, el hablar en lenguas, un milagro, no te hace discípulo (si bien todo eso es muy bueno), lo que te hace discípulo es pensar como Dios. El milagro más grande es cambiar tu pensamiento, porque si cambia tu manera de pensar, cambiará tu manera de vivir.

Dios le dijo a Eva: “Si comes del árbol morirás.” Vino Satanás y le dijo: “No mo­rirás”. La lucha de Eva fueron dos ideas: la de Dios y la de Satanás. Ella aceptó el pensamiento diabólico y cuando uno elige el pensamiento equivocado, queda fuera del Edén.

Un Campeón Piensa como Dios Piensa.

La Palabra te enfurece o te cambia en bendición y en gozo, depende del espíritu que tengas. Jesús le dijo a una niña: “Levántate”, a un paralítico: “Camina”, a un ciego: “Ve”, pero cuando Él se murió ¿quién le dijo a Él “levántate” si estaba muerto? El mismo se lo dijo antes de morirse, le decía a los discípulos: “Este templo humano lo van a destruir, pero en tres días lo volveré a levantar”.

Tenés que verte sano, bendecido, caminando en victoria, sabio, sin problemas fi­nancieros, viajando, prosperado porque la Biblia dice que irás de gloria en gloria, y cuando declares en tu espíritu que tu futuro será maravilloso, caminarás en tu pre­sente creando una atmósfera positiva porque lo que viene será todavía más grande.

Adela caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una cur­va del camino. Después de un breve silencio le preguntó: “Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes, Adela?” La niña prestó atención agudizando sus oídos. Después de unos segundos respondió: “Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca”. “Muy bien”, respondió el padre. “Tienes razón, se está acercando una ca­rreta vacía”.

Adela asombrada preguntó a su padre: “¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?”

Entonces el padre respondió: “Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía: por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace”. Adela se convirtió en adulta y siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma deforma inoportuna, violenta o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo: “Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace”.

UN CAMPEÓN PIENSA COMO DIOS PIENSA.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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