EVALÚA CÓMO ESTÁS REACCIONANDO

Siempre reaccionamos a algo pero podemos elegir en qué nivel vamos a reaccionar:

Nivel corporal.

Es la reacción con el cuerpo, donde se encuentra el placer, el instinto; por ejemplo si te dicen: “Esta silla es mía” y contestás: “¡Qué va a ser tuya!, ¡salí de acá!”, res­pondiste en el cuerpo; o si te dicen: “No te detengas acá que hay un estacionamien­to” y contestás: “Dejame, papito, que yo sé lo que hago” eso es nivel corporal. El diablo sabe que reaccionás en ese nivel, entonces te va a tocar en el mismo lu­gar para que reacciones corporalmente. Los borrachos reaccionan a nivel cuerpo, entonces el sistema los manipula. Las propagandas trabajan con sexo porque a las personas que están atadas a nivel corporal a lo sexual, les venden cualquier cosa: ponen una mujer desnuda y venden un calefón, o una media rota, cualquier cosa que hagan lo compran. La publicidad trabaja de esa manera porque el enemigo sabe que si reaccionás a nivel corporal te va a tocar por ahí, por el área sexual, por los impulsos. El enemigo no quiere que reacciones con sabiduría, sino en el cuerpo. Hay gente que reacciona con la comida: le ponés un plato delante y se mueren.

Nivel intelectual.

Es la reacción con la mente, todo lo analiza: “Explíqueme eso de las lenguas, pas­tor, que lo quiero entender”. Todo lo racionaliza y le busca explicación.

Nivel emocional.

Es la típica frase: “Yo lo vi y lo traje a mi casa, lo metí en mi cama, porque sus ojos me encantaron… y me robó todo, hasta el parquet”.

Nivel espiritual.

Es la reacción a través del hombre interior. No soy un ser humano teniendo una experiencia espiritual, sino un ser espiritual teniendo una experiencia humana. Hacé crecer tu hombre interior, tu espíritu, para que se llene del Espíritu Santo y cuando tengas un problema no reacciones en el impulso, en la emoción, ni por tu conocimiento, sino por el Espíritu de Dios que está en tu espíritu. Así serás una persona sabia. Salomón dijo algo que me impactó en Proverbios: “He escrito pro­verbios para dar sagacidad a los simples y entender sabiduría”. La sabiduría no se aprende, se entiende.

Un fin de semana bien temprano, Pedro y Juan salieron a cazar. Pedro tenía un amigo que le permitía cazar en su finca, y cuando llegaron al rancho Pedro le dijo a Juan que esperara en el vehículo mientras él se reportaba ante su amigo. El dueño de la finca le dio a Pedro, como siempre, el permiso de cazar, pero le pidió un favor: tenía una mula en el establo que se había quedado ciega, y no tenía corazón para librarla de su sufrimiento. “¿Quisieras darle un balazo para no tener que hacerlo yo?”, le dijo. Pedro convino en que él lo haría. Cuando Pedro caminó de regreso hacia el auto simuló estar muy enojado. Tanto que dio un portazo.

“¿Ocurre algo?”, preguntó Juan. Pedro gruñó: “Me dijo que no podíamos cazar en su finca. ¡Estoy tan furioso con ese tipo que voy a entrar al establo y le voy a dar un balazo a una de sus mulas!”

De inmediato se dirigió al establo como un maniático. Juan aterrorizado gri­tó: “¡No podemos hacer eso!” “¿No? ¡Pues mírame!”, le replicó Pedro. Cuando llegó al establo saltó del auto con su rifle, corrió dentro y le disparó a la mula ciega. Sin embargo, cuando salía Pedro, escuchó dos detonaciones más, entonces corrió hacia el vehículo para averiguar qué pasaba, y vio allí a Juan quien también había agarrado su rifle. “¡¿Qué haces Juan?!”, preguntó Pedro a gritos. Juan tenía el rostro enrojecido por la ira: “¡Para que vea ese desgraciado! ¡Acabo de matarle dos de sus vacas!”

NO SOY UN SER HUMANO TEMIENDO UNA EXPERIENCIA E5PIRITUAL SINO UN SER ESPIRITUAL TENIENDO UNA EXPERIENCIA HUMANA.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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