Devocional Diario – SEAMOS UNA IGLESIA DE FUEGO Y PASIÓN

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Devocionales Cristianos – Seamos Una Iglesia de Fuego y Pasión

 

“Y Cristo en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7).

Para llegar a ser una Iglesia de pasión y fuego, que nos impulse a grandes conquistas para el Señor, es necesario y crucial co­menzar con la oración. Aquí no nos referimos a una clase de oración monótona, por obligación o por costumbre. Sino a la oración sincera, apasionada, que sale desde nuestro corazón y llega al corazón de Dios.

En Lucas 18:10-14 Jesús nos demuestra con este ejemplo la diferencia entre una oración armada, estudiada, hipócrita y una oración sincera que sale desde el corazón. Orar es derramar nues­tra alma, clamando, llorando, gimiendo delante del Señor y reco­nocer que nada somos delante de Él.

Muchas veces la oración se puede transformar en una suce­sión de palabras que simplemente salen de nuestra mente, pero debemos buscar el llegar a esa oración profunda que nos permitirá transformarnos en intercesores, tomando ese maravilloso lugar de sacerdotes que el Señor nos ha legado.

Un testimonio acerca de esto nos impactó en este último tiempo. Un día nos encontramos con Esteban Hill y su esposa Jerry, quienes nos relataron una historia vivida en una de nuestras cruzadas en Argentina. Los Hill habían viajado a nuestro país como misioneros y uno de sus objetivos era visitar una campaña, dado que habían escuchado el comentario del gran mover de Dios aquí y querían conocer el por qué de aquellas asombrosas conversiones, milagros y liberaciones. Así fue como se acercaron una noche a la campaña.

Mientras ellos estaban entre la multitud (y sin haber conver­sado con nadie acerca de aquella inquietud que los movía) se les acercó un individuo desconocido. Sin preámbulos ni presentación les hizo la siguiente pregunta: “¿Quieren conocer el fundamento de tal victoria espiritual?” La respuesta inmediata fue: “Sí”.

El desconocido los guió entre la multitud, abriéndose paso hasta llegar detrás de la plataforma donde el mensaje de Jesucris­to era predicado. Allí debajo se encontraban más de un centenar de personas que llevaban muchas horas de intercesión profunda, junto a la esposa del evangelista María Annacondia. Al ver esto, el individuo al cual nunca más volverían a ver les dijo: “He aquí el secreto”.

Como la Iglesia de Jesucristo aquí en la tierra debemos ocupar ese lugar de sacerdocio que nos corresponde para gemir, clamar, llorar por el dolor de los que sufren. Así como Jesús oró cuando estuvo aquí en la Tierra (ver Hebreos 5:7) con intensidad y pasión, debemos orar nosotros ante el sufrimiento de nuestro prójimo. Es necesario que aprendamos a sentir el dolor de los que sufren, de los drogadictos, de los alcohólicos, de los enfermos para que po­damos clamar con pasión y fuego por ellos. Esa es la oración que llega directamente hasta el trono de Dios y halla en El respuesta.

En este tiempo especial de ayuno y oración en unidad, procu­remos transformarnos en una nación de sacerdotes que toman el lugar del pueblo para clamar por las necesidades de los suyos de una manera apasionada y ferviente. Busquemos conocer el dolor de los que sufren para poder sentir su necesidad y clamar de esta forma con mayor intensidad al ver la situación por la que les toca pasar. Conquistemos por medio de la intercesión aquellos lugares maravillosos que Dios ya nos ha dado como su Iglesia.

Para ver una lluvia de bendiciones, es necesario que primero haya un río de lágrimas.

 

Motivos de Oración.

  • Señor, renueva nuestra pasión para interceder y nues­tra sensibilidad para clamar por las necesidades de quienes nos rodean.
  • Señor, levanta una Iglesia de sacerdotes comprome­tida con la intercesión y con la realidad de la nación.
  • Señor, que Argentina sea transformada en un pueblo de sacerdotes para las naciones.

 

Acción Práctica.

Aparta un día especial en la semana sin compromisos para poder dedicarlo a la oración y la intercesión.

Extracto del libro “40 Días de Ayuno y Oración 2012”

Por María y Carlos Annacondia

Quilmes, Buenos Aires

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