Devocional Diario – SÓLO DIOS BASTA

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NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE

Una de las películas que ha sido un clásico para varias generaciones es aquella protagonizada por Harrison Ford en su papel de Indiana Jones y trata sobre el arca perdida del templo de Jerusalén. Confieso no saber las veces que la he visto y no quiero prometer cuantas veces más la voy a ver… Un peliculón. En ella Indiana juega una carrera con Nazis que creen hallar en ella una fuente de poder ilimitado para dominar el mundo. Obviamente Indiana gana pero el arca se vuelve a perder.

Quizás la moraleja de la historia sea la búsqueda de la Presencia de Dios (eso representaba el arca) por lo que me puede dar y el destino de que está Presencia se mantiene perdida para una humanidad que solo le ve un costado utilitario a lo divino.

Dios le había dicho a Moisés que hiciera el tabernáculo en la tierra conforme al modelo que le había mostrado en el monte, así que todo lo que Moisés vio en el monte lo reprodujo aquí en la tierra. Todo lo que se hizo lamentablemente se perdió (el arca incluida) y el último vestigio del mobiliario lo encontramos en el arco conmemorativo de Tito donde se ve el sobre relieve de las tropas romanas transportando el candelabro de siete brazos saqueado en la destrucción de Jerusalén en 70DC. Todo lo que Moisés hizo copiando el modelo celestial se perdió. Pero:

Ap.11:19. Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto.

En el cielo todo está en orden, nada se ha perdido, nada se ha robado… cuando se abre el templo de Dios el arca original, está en su lugar. Me fascina que hayan pasado edades, imperios, reyes y el cielo siga tal como Moisés lo vio en el monte… Todo en orden, todo cumpliendo su propósito, todo inalterable. Que las edades humanas no hayan hecho mella en el cielo.

Sal.46:4-6. Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo. Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda. Se agitan las naciones, se tambalean los reinos; Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba.

Todo parece derrumbarse en la tierra, se conmueven fundamentos, el mal avanza saquea el templo, roba los candelabros, pero el arca celestial  no puede moverse ni un milímetro, nada de lo que está en el cielo se mueve… Entonces ¿cuál es el triunfo del mal? Según yo lo veo es solo espamento (en lunfardo) o aspaviento (en español), es teatralización desmedida de su poder que en realidad es exiguo, y solo puede afectar, a veces, lo terrenal.

Mientras tanto en el cielo, todo está establecido, lo que está fundado en el cielo es más estable que lo que está fundado en la tierra… por eso a descansar.

Pueden quitarme la silla en la tierra… pero estoy sentado en lugares celestiales con Cristo.

Pueden ponerme en un corralito los ahorros… pero tengo riquezas en gloria en Cristo.

Pueden matar mi cuerpo…. Pero no pueden tocar mi alma.

Aún el arca está en el templo celestial… la Presencia no está perdida para aquellos que no somos de esta tierra. Por eso podemos reinar en la tierra porque no somos dependientes de este mundo sino del Padre que está en los cielos.

Hoy doy gracias que todo está en su lugar… Solo Dios basta. Te dejo un regalo de Teresa de Avila quien vivió en el siglo XVI cuando recién se había descubierto América, nació cuando Lutero clavó sus tesis, cuando nada se sabía de todo lo que hoy sabemos y con claridad de un corazón creyente escribió lo siguiente:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

Sólo Dios basta.

Eleva tu pensamiento,

al cielo sube,

por nada te acongojes,

nada te turbe.

 A Jesucristo sigue

con pecho grande,

y, venga lo que venga,

nada te espante.

 ¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana;

nada tiene de estable,

todo se pasa.

Aspira a lo celeste,

que siempre dura;»

fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

Ámala cual merece

bondad inmensa;

pero no hay amor fino

sin la paciencia.

Confianza y fe viva

mantenga el alma,

que quien cree y espera

todo lo alcanza.

Del infierno acosado

aunque se viere,

burlará sus furores

quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,

cruces, desgracias;

siendo Dios tu tesoro

nada te falta.

Id, pues, bienes del mundo;

id dichas vanas;

aunque todo lo pierda,

sólo Dios basta.

Por Daniel Cattaneo

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