el-proposito-de-la-prosperidadDevocional Diario – El Propósito de la Prosperidad

 

Jesús fue un hombre próspero.

Sin embargo, Su prosperidad no se midió por la acumulación de grandes riquezas ni posesiones mundanas. Él no vivió en un palacio con habitaciones llenas de oro, vigilando sus campos de ganado y ovejas. Su vida no fue pomposa o extravagante, y no fue accionado por la codicia y la avaricia.

Aunque estaba en un país pequeño dominado por el poderoso poder romano, donde la mayoría de las personas eran oprimidas y explotadas, las necesidades personales de Jesús fueron cubiertas. Él se podía permitir moverse por el país libremente, haciendo los negocios de Su Padre. Era incluso capaz de sostener doce discípulos que viajaban con Él alrededor de Galilea y de las regiones vecinas.

¿Por qué tenía Jesús esos relativamente abundantes recursos? Esos recursos lo capacitaban para hacer la voluntad de Dios. Quizás haya escuchado decir: “Cuando Dios dirige, Él provee”. Bueno, yo creo que el propósito de la prosperidad de los cristianos es que hagan la obra y la voluntad de Dios.

¿Cuál es la voluntad de Dios?

Juan 3:16 y 17 lo expresa de manera muy simple: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

¡El interés principal de Dios es salvar a los perdidos! Esa es la razón por la que envió a Su Hijo.

La Biblia también es muy clara acerca de lo que Jesús hizo cuando vino a la tierra.

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9:35). 

Jesús es nuestro gran ejemplo. Deberíamos hacer lo que El hizo. Su propósito debería ser nuestro propósito.

Jesús dijo: “Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre” (Juan 14:12 NVI).

Extracto del libro “El Toque de Midas”

Por Kenneth Hagin

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