Devocional Diario – Las Telas de la Victoria

 

Pasaje clave: Romanos 8:28.

Muy temprano el domingo por la mañana, Pedro y Juan reci­bieron la noticia: «¡El cuerpo de Jesús ha desaparecido!» De inmediato, los dos discípulos corrieron al sepulcro, adelantán­dose Juan a Pedro, por lo cual llegó primero. Lo que vio fue tan impresionante que se quedó como petrificado a la entra­da de la tumba.

¿Qué vio? «Las vendas». Vio «el sudario que había cubier­to la cabeza de Jesús aunque el sudario no estaba con las ven­das sino enrollado en un lugar aparte». Vio «las vendas» (Jn.20:5-7).

El original griego ofrece una interesante ayuda en cuan­to a esto. Juan emplea un término que quiere decir «enrolla­do», «doblado». Las que envolvieron el cuerpo no habían sido desenrolladas ni desechadas. ¡Estaban intactas! Nadie las había tocado. Seguían allí, enrolladas y dobladas.

¿Cómo pudo ocurrir esto?

Si sus amigos habían sacado el cuerpo de allí, ¿no se habrían llevado también la tela que lo envolvía? ¿Y si hubiesen sido los enemigos, no habrían hecho lo mismo?

Si no, si por alguna razón amigos o enemigos hubieran des­envuelto el cuerpo, ¿habrían sido tan meticulosos como para dejar la tela desechada en forma tan ordenada? Por supuesto que no.

Pero si ni amigos ni enemigos se llevaron el cuerpo, ¿quién lo hizo?

Esta era la pregunta de Juan y esta pregunta le llevó a hacer un descubrimiento. «Vio y creyó» (Jn.20:8).

A través de las telas de muerte, Juan vio el poder de la vida. ¿Sería posible que Dios usara algo tan triste como es el entie­rro de alguien para cambiar una vida?

Pero Dios acostumbra hacer cosas así:

En sus manos, jarrones de vino vacíos en una boda llegaron a ser símbolos de poder.

Un rústico establo de Belén es su símbolo de devoción.

Y un instrumento de muerte es un símbolo de su amor.

Extracto del libro “3:16”

Por Max Lucado

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