Devocional Diario – Sea Específico al Orar

 

La segunda actitud que debe adoptar en cuanto a la oración es el deseo de ser franco y específico con Dios. Jesús nos advierte en Mateo 6.7: «Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos». Lo que cuenta para Dios no es el número de palabras que diga ni cuán elocuentes sean. Lo importante para Él es la sinceridad de nuestras palabras. Lo que hay en nuestro corazón da credibilidad a nuestras voces. 

Recientemente leí un artículo que salió de la Asociación de Secretaría Legal de Colorado que muestra cómo se puede tergiversar un mensaje sencillo con palabras innecesarias. Contenía una versión de una línea del Padrenuestro, parafraseada como si la hubiera escrito un abogado:

Respetuosamente pedimos, solicitamos, rogamos que se haga la debida y adecuada provisión en la fecha y día que se menciona más arriba para satisfacer los requisitos nutritivos del peticionario y se organicen tales métodos de asignación y distribución como se estimen necesarios y propios para asegurar la recepción por dicho peticionario y para dicho peticionario de tal cuantía de productos de cereales que en lo sucesivo se llamará «pan», lo que a juicio del peticionario, constituye una cantidad suficiente.

En otras palabras, este mensaje de setenta y siete palabras equivalente a «El pan nuestro de cada día dánoslo hoy», es más largo que el Padrenuestro completo, que consta de setenta y una palabras.

Las formas de comunicación más eficaces son breves y van al grano.

Además de ser francos con Dios, también debemos ser tan específicos como podamos. ¿Cuántas veces no habrá orado de esta manera: «Dios, bendice a Estados Unidos, bendice nuestra iglesia, bendice nuestros misioneros», o sencillamente: «Dios, sé con nosotros»?

La oración específica tiene poder. Recuerde, Jesús dice que recibirá lo que pida en su nombre (Juan 16.23–24). Así pues, dele una hojeada a algunas muestras de cómo puede orar con más eficacia.

En lugar de orar así: Dios mío, salva mi país.

Ore así: Salva a mi vecino Robertico y condúcelo a los pies de Cristo.

En lugar de orar así: Dios mío, ayúdame a hacer bien las tareas de la escuela.

Ore así: Ayúdame a estudiar bien para sacar nota de sobresaliente en mi próximo examen.

En lugar de orar así: Dios mío, bendice a mi pastor.

Ore así: Unge a mi pastor al predicar salvación este domingo.

En lugar de orar así: Dios mío, enseña a las personas a amarse unas a otras.

Ore así: Ayúdame a amar a mi esposa y permite que se sienta amada.

En lugar de orar así: Dios mío, sé con nosotros.

Ore así: Enséñame cuál es tu voluntad en este asunto y ayúdame a obedecerte.

Ser específico en la oración tiene otro beneficio. Cuando Dios nos da una respuesta, lo sabemos.

Podemos saber cuándo nuestro vecino se salva; podemos ver personas que vienen a Cristo durante el sermón del domingo; podemos preguntarles a nuestros cónyuges si nuestra manera de actuar les hace sentir que les amamos. Y no solo eso, sino que cuando le pedimos a Dios que se involucre en nuestras vidas de una manera específica, esto le da la oportunidad de decirnos los aspectos en los que podemos cambiar.

Mientras más específicos seamos en nuestras peticiones, más alertas estaremos para cuando vengan las respuestas y más específicos podremos ser luego en nuestras alabanzas.

Extracto del libro “Compañeros de Oración”

Por John C. Maxwell

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