Devocionales Cristianos – Te Hablaré en tu Propio Idioma 2

 

Continuemos.

Pilato no tenía ningún interés en difundir el evangelio. De hecho, el letrero decía en otras palabras: «Esto es lo que llega a ser un rey judío; esto es lo que los romanos hacen con él. El rey de esta nación es un esclavo; un criminal crucificado; y si esto es el rey, ¡cómo será la nación de la cual es rey!» Pilato había puesto el letrero para amenazar y mofarse de los judíos. Pero Dios tenía otro propósito… Pilato fue el instrumento de Dios para esparcir el evangelio. Sin saberlo, fue el amanuense del cielo. Tomó el dictado de Dios y lo escribió en el letrero. Y ese letrero cambió el destino de alguien que lo leyó.

No hay nadie a quien Dios no quiera usar.

Y, no hay idioma en el que Dios no hable.

Cada transeúnte podía leer el letrero, porque cada transeúnte podía leer hebreo, latín o griego, los tres grandes idiomas del mundo antiguo. «Hebreo era la lengua de Israel, la lengua de la religión; latín era la lengua de los romanos, la lengua de la ley y del gobierno; y el griego era la lengua de Grecia, la lengua de la cultura. En todas ellas, Cristo fue declarado rey». 

Dios tenía un mensaje para cada uno: «Cristo es rey». El mensaje era el mismo, pero el idioma era diferente. Ya que Jesús era el rey de todas las naciones, el mensaje sería en los idiomas de todos los pueblos.

No hay lenguaje en el que Él no hable. Lo cual nos lleva a una pregunta encantadora. ¿En qué lenguaje te está hablando a ti? No me estoy refiriendo a un idioma o dialecto, sino al drama diario de tu vida. Dios habla, tú lo sabes bien. Él nos habla en cualquier lenguaje que nosotros entendamos.

Hay ocasiones en que habla en el «lenguaje de la abundancia». ¿Está tu estómago lleno? ¿Has pagado todas tus cuentas? ¿Te queda algo en la billetera? No seas tan orgulloso de lo que tienes que dejes de oír lo que debes de oír. ¿Será que tienes mucho como para dar también mucho? «Dios puede darte más bendiciones de las que necesitas. En tal caso, tendrás abundancia de todo, suficiente como para dar a cada obra buena» (2º Corintios 9.8).

¿Está Dios hablándote con el «lenguaje de la abundancia»? ¿O estás escuchando el «lenguaje de la necesidad»?

Nos gustaría que nos hablara en el idioma de la abundancia, pero no siempre es así. ¿Estás tú oyendo el «lenguaje de la necesidad»?

¿Y qué me dices del «lenguaje de la aflicción»? Este es un lenguaje que evitamos. Pero tanto tú como yo sabemos cuán claramente habla Dios en los pasillos de los hospitales y en las camas de los enfermos. Sabemos lo que David quiere decir cuando afirma: «Me hace descansar» (Salmo 23.2). Nada mejor que un cuerpo débil para prestar oídos al cielo.

Dios habla todas las lenguas, incluyendo la tuya. ¿No ha dicho él: «Te enseñaré el camino en que debes de andar»? (Salmos 32.8) ¿No nos apresuramos a «recibir instrucción de su boca» (Job 22.22)? ¿En qué idioma te está hablando Dios?

¿No te alegras cuando Él habla? ¿No te llena de emoción que le intereses tanto que te hable? ¿No es bueno saber que «el Señor dice sus secretos a todos los que lo respetan» (Salmos 25.14)?

¿No sería adecuado pensar una palabra de gratitud a Él? Y mientras estás en eso, pregúntale si acaso habrás perdido alguna señal que te haya mandado.

Extracto del libro “Él Escogió los Clavos”

Por Max Lucado

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