Devocionales Cristianos – Un Reino Prometido 1

 

Pasaje clave: Génesis 3.

Al comprender los reinos y el concepto de la colonización, el éxito de la colonización depende de la relación directa e ininterrumpida con el reino imperial y el sometimiento de la colonia a este. La pérdida del Reino de los cielos sobre la Tierra fue considerada rebelión contra el Reino imperial eterno y la creación de un estado vagabundo. La Tierra se convirtió en un territorio bajo un gobierno ilegal. Aunque Adán cometió una alta traición, el instigador y adversario, el maligno, ejecutó un golpe terrenal. Recuerde que Adán no perdió el cielo cuando cayó; en cambio, perdió la Tierra y el dominio sobre ella.

Perdió la representación legítima del cielo sobre la Tierra. Adán desertó. Esto es lo que Dios quiso decir en Génesis 2:17.

Esta muerte no se refería ante todo a la muerte física, aunque ese seria el resultado final, sino más bien a la desconexión espiritual de su fuente y reino. Esto se evidencia en el hecho de que Adán vivió novecientos treinta años después de aquel acto de desobediencia. Por lo tanto, la muerte según el Creador era la desconexión e independencia de Dios y del Reino de los cielos.

Adán perdió el reino. Las consecuencias de su rebelión fueron numerosas:

  • Perdida de posición y disposición.
  • Transferencia de responsabilidad.
  • Conciencia de sí mismo y vergüenza.
  • Temor e intimidación de la autoridad.
  • Perdida de dominio sobre la naturaleza.
  • Esfuerzos frustrados y odio al trabajo.
  • Dolor e incomodidad.
  • La necesidad de rendir cuentas.

Sin embargo, la respuesta más significativa a esta deserción y acto traicionero fue su promesa al adversario, registrada en Génesis 3:15-16.

El centro de esta promesa es la venida de un “descendiente” a través de una mujer que quebraría el poder del adversario sobre la humanidad y recuperaría la autoridad y el dominio que Adán una vez tuvo. y a través de un proceso de conflicto, restauraría el Reino nuevamente a la humanidad. Esta fue la primera promesa de un rey-mesías y del retorno del Reino. Por lo tanto, la mayor necesidad del hombre se identifica mediante lo que el perdió; no perdió una religión ni el cielo, sino un reino.

En la restauración de Dios y el plan redentor, el cielo no sería el enfoque primario o el objetivo del hombre, sino en cambio la redención, restauración y restablecimiento de su Reino sobre la Tierra. Este sería el propósito principal y la misión del Mesías prometido.

Desde el momento en que se soltó esta calamidad cósmica de la rebelión del hombre contra el gobierno de su reino celestial, la religión ha sido un intento en vano por recuperar la presencia de Dios o compensar la pérdida.

Por lo tanto, la religión representa cada actividad de la humanidad en su búsqueda egoísta de Dios y del Reino, ya sea a través de la cienciología, bahaísmo, islamismo, budismo, confucianismo, sintoísmo, animismo, unitarianismo, ateísmo o cualquier otra filosofía terminada en “ismo”. La principal motivación es redescubrir y recibir lo que perdió: el Reino de Dios. No importa que nombre le pongamos, todas las religiones son un ejercicio fútil, ya que expresan el frustrante y vano intento por recobrar lo que se perdió.

La humanidad enfrenta un dilema irresoluble: no importa con cuanto tesón lo intentemos, nunca podremos hallar a un Dios infinito que usa los recursos humanos finitos llamados religión. Afortunadamente para nosotros, Dios solucionó el problema por su cuenta, ya que era el único que podía hacerlo. En su omnisciencia, su naturaleza de conocer todas las cosas, Dios sabía antes de que el mundo comenzara que nunca lo hallaríamos a Él sin su ayuda. Por lo cual, se lanzó en un viaje. Salió a buscamos.

Dios es el buscador, y nosotros somos los objetos de su búsqueda. En vez de permitimos pasar nuestras vidas en continua frustración, tratando de alcanzarlo y tocarlo, Él descendió para tomarnos a nosotros. Su deseo y propósito fue llevarnos de regreso a una relación con Él y devolvemos el Reino perdido.

La religión es, por lo tanto, simplemente la búsqueda de Dios por parte del hombre. No interesa cuan comprometida, dedicada, leal, fiel, ferviente, activa o compleja pueda llegar a ser esa búsqueda, siempre que el hombre este todavía buscando, insatisfecho y deseoso de más, significa que todavía no ha hallado el Reino. Es como un pez fuera del agua. Este vacío no puede ser sustituido con aceite, gasolina, jugo de naranja, leche o alcohol.

La religión es el sustituto del hombre para el Reino, y ese es el motivo por el cual nunca podrá satisfacerlo. Solamente el Reino de Dios puede resolver el problema eterno del hombre.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Redescubriendo el Reino”

Por Myles Munroe

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