Devocionales Cristianos – Una Iglesia en Una Cueva

 

Pasaje clave: 1º Samuel 22:1-2.

 

1. Introducción.

David viene huyendo de Saúl y se refugia en una cueva. A partir de ese momento se transformó en líder de 400 hombres afligidos, endeudados y deprimidos. Casi sin pensarlo David ya tenía su primera iglesia.

 

2. Las personas vendrán a buscarnos.

A nuestras iglesias (células, redes, grupos pequeños) llegarán personas afligidas, endeudadas y deprimidas, buscando algo de Dios que calme sus corazones y los sane. Serán adolescentes, jóvenes y adultos y tendremos que recibirlos y darles de Dios.

Oremos por sus vidas, démosles Palabras de Dios, alentémoslos, porque ellos esperan recibir esto de nosotros.

¿Y si eres una persona nueva que apenas conoce al Señor?

También puedes hablarles del Señor. Tienes familiares, vecinos y amigos. Cuéntales lo que él está haciendo en tu vida. Hubo una mujer que conoció a Jesús, y con lo poquito que había escuchado y que cambió su corazón, fue y les habló a todos los habitantes de una ciudad (Jn.4:39-42).

 

3. Personas comunes transformadas en valientes.

2º S.23:8. Aquellos afligidos, endeudados y deprimidos, llegaron mal, hechos un trapo de piso. ¿Y Dios qué hace? Por medio de David, Dios los levanta y los transforma en personas valientes. Porque Dios no te deja tal como estás, si quieres Él te toma y te hace completamente nuevo.

 

4. ¿Qué tenemos que hacer?

Veamos lo que hizo David en aquella cueva:

A. Sal.57:1. David busca a Dios. Oremos para que Dios nos enseñe qué darles y qué hablarles. Dios es el que hace la obra. La obra no la hago yo, yo soy sólo el medio a través del cual Dios hace Su obra. Ora y busca a Dios hasta que Él te de las palabras necesarias, entonces ve y háblales en el nombre del Señor.

B. Sal.57:1. David confía en Dios. Creámosle al Señor y contagiemos con esta confianza a las personas nuevas que lleguen. Que vean en nosotros a personas de fe, seguros y firmes en Dios. Ellos aprenderán a creer viéndonos y oyéndonos a nosotros. Los que creen en el poder de Dios no se mueven, los que no creen viven a los tumbos (Sal.125:1). No seamos de doble ánimo ni dudemos (Stg.1:6).

C. Sal.57:1. David espera en Dios. “Hasta que pasen los quebrantos” tenemos que estar metidos en Dios. Necesitamos estar bajo la sombra de sus alas. El Señor no nos abandona, Él no nos deja. No importa cuántas veces hayamos escuchado esto ¡tenemos que creerlo y proclamarlo! ¡No estoy solo! ¡No estoy abandonado! ¡No estoy desamparado! ¡Estoy bajo la sombra de Dios! ¡Estoy en su presencia!

D. Sal.57:2-3. David clama a Dios. Dios no es Padre de caprichosos, pero Él sí escucha mi clamor. ¡Clamemos, roguemos, pero no a las personas, sino a Dios! ¡Él escucha a sus hijos! ¡Clama por tu vida, clama por tu familia y clama por tus discípulos, hasta que Dios mueva su mano y haga su obra! (vs.3). Pongámonos de rodillas y clamemos juntos.

E. Sal.57:4. David conocía a sus enemigos, pero también conocía a Dios. Nuestro enemigo es Satanás. Ya está vencido pero sigue molestando. Su propósito es destruirnos. No lo permitamos. Oremos en su contra reprendiéndolo y renunciando a todas sus propuestas y mentiras. Dios es más grande. Dios se merece nuestra adoración (vs.7-11).

Por Edgardo Tosoni

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