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Predicaciones – DIOS NO AVERGÜENZA A SU PUEBLO 2

Estudios Bíblicos – Dios No Avergüenza a Su Pueblo 2

 

Continuemos.

Usted tal vez piense: “Pero Dios puede defender su propio nombre; él no me necesita”. Dios ha elegido a su pueblo para que sean testimonio suyo a un insensible, inmóvil mundo. Y él nos está llamando abiertamente a comprometerlo a hacer lo que él promete. Verá, a los ojos del mundo Dios está siempre siendo puesto a prueba. Los incrédulos están observando cada ocasión en que enfrentamos situaciones imposibles, diciendo: “Éste canta que Dios está haciendo un camino para liberarle. Ahora veremos si su Dios le va a responder. ¿Le hará atravesar esta situación o hará que termine avergonzado?”

Escépticos en los días de Jesús dijeron cosas similares en su crucifixión.

Jesús no era sordo a las burlas. Pero él sabía algo que ellos no: Su Padre jamás permitiría que él fuera avergonzado. Dios no fallaría en liberarle por el bien de su propio nombre. Hay tiempos cuando parece que Dios no se evidencia cuando su pueblo es dejado en vergüenza y desesperación, pero la historia completa no ha sido contada aún. (La cruz fue una de aquellas veces).

Lo que nosotros no nos damos cuenta en medio de la crisis es que el mismo honor de Dios está en juego. Y por toda la Biblia él tuvo un pueblo cuya fe de piedra demostró su fidelidad en los más difíciles tiempos. Estos siervos sin ninguna vergüenza comprometieron al Señor a actuar poniendo su honor en juego mientras confiaban.

1. Considere el ejemplo de Moisés en el Mar Rojo.   

Aquí había una situación humanamente imposible. Israel estaba huyendo del ejército egipcio, cercado desde un lado por el mar y por montañas del otro. Fue aquí que Moisés comprometió a Dios con sus promesas. El ya había profetizado que Dios lideraría a Israel hacia la Tierra Prometida. Ahora la reputación del Señor estaba en juego para que todos la vean. Yo puedo oír las noticias volviendo a Egipto que faraón había atrapado a Israel. Todo Egipto esperaba ver a los israelitas traídos de vuelta encadenados. ¿Cuál fue la reacción de Moisés a esta crisis? Viendo el vasto mar delante de ellos, él gritó: ¡Moveos hacia delante! Moisés creía tanto en el cuidado de Dios, confiando en su palabra de liderar a Israel hacia su promesa, que declaró: “Yo sé que el Señor es fiel. Y ahora voy a actuar sobre Su palabra”.

Piense en las consecuencias de tal fe. Si el Mar Rojo no se hubiera abierto milagrosamente, Moisés habría sido considerado un tonto. Los israelitas habrían vuelto en esclavitud, y  nunca más se habría  confiado en Dios. Pero todos sabemos lo que sucedió. Al extender Moisés su mano, las aguas se dividieron, y el pueblo atravesó caminando por tierra seca. Le digo, ninguno que confíe en Dios completamente será puesto jamás en vergüenza. Él le librará en su promesa por el bien de Su propio nombre.

2. Considere a Josué.

Por seis días Israel había marchado alrededor de la impenetrable ciudad de Jericó, diciendo: “Estos muros van a caer”. Para la gente de dentro de Jericó esto se oía absolutamente tonto. Ellos deben haberse reído y burlado con desdén. Luego finalmente, en el séptimo día, al pueblo de Dios le fue ordenado a marchar no sólo una sino siete veces. En este punto, aún los israelitas deben de haberse sentido tontos. Tal vez hayan pensado: “Nada ha ocurrido en los primeros seis días. Ahora esto se asemeja a la desesperación. Seremos deshonrados si estos muros no caen”. Pero esos pensamientos nunca entraron en la mente de Josué. El dijo: Yo sé lo que he oído del Señor, y sé que él es capaz de hacerlo.” Él encomendó a Dios su propia promesa, poniendo Su gloria en primera línea. Sabemos lo que ocurrió (Josué  6:20). Cuando los hijos de Dios le comprometen con Su Palabra, él nunca les dejará ser avergonzados.

3. Considere los muchachos Hebreos.

Daniel y los tres muchachos Hebreos se negaron a inclinarse en adoración delante de la estatua de oro de Nabucodonosor de 90 pies de altura. Ellos se mantuvieron resueltos aún cuando fueron condenados a morir en el horno de fuego. Mientras el malvado rey se burlaba (Dn.3:15), el joven encomendaba al Señor a su promesa (Dn.3:16-18).

Ellos estaban tan confiados en que Dios honraría su propio nombre, que de buena gana enfrentaron la muerte certera. Nabucodonosor ordenó que el fuego fuera siete veces más caliente que de costumbre, un fuego tan fiero que mató a los sirvientes que abrieron el horno. Una vez más, el nombre del Señor estaba en juego. Si él no intervenía, su nombre sería difamado por todas las naciones. Pero el Señor nunca pone en vergüenza a aquellos que completamente confían en él. Las Escrituras dicen que Jesús en persona se apareció en ese horno para proteger y confortar a sus siervos. Y salieron del fuego caminando los cuatro muchachos Hebreos, sin siquiera olor a humo en ellos.

(CONTINÚA…)

Por David Wilkerson

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