Liderazgo Cristiano – Líderes del Antiguo Testamento 1

 

Dios inició el liderazgo creando a Adán y delegándole autoridad para que presidiera la primera creación. Todo lo sujetó debajo de él, menos el acceso al árbol de la ciencia del bien y del mal para que comprendiera sus limitaciones (Génesis 1:26–28). Cuando escuchó la propuesta del diablo y la obedeció, dejó de ser administrador de Dios, perdió su autoridad y trocó su inocencia en culpabilidad. La humanidad entera quedó, entonces, bajo el maligno (1 Juan 5:19).

El primer objetivo de la estrategia enemiga se había consumado. Al hacerle creer a Adán que tenía algo superior a lo que Dios le había preparado, le arrebató su autoridad. Había desaparecido el liderazgo de Adán.

Lo que siguió inmediatamente después, fue caótico; porque Satanás levantó también sus líderes que hicieran lo contrario, e implantaran la venganza, el odio, la poligamia, y la muerte (Génesis 4:8; 5:23).

En medio de ésta generación, cuyo “designio de los pensamientos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5) llena de violencia y corrupción, Dios llamó a Noé, varón justo y perfecto en sus generaciones, para que presidiera mediante un pacto con él el nuevo linaje que sobreviviría al diluvio (Génesis 6:13–17).

Noé fue un excelente líder en su hogar, al cual involucró en un proyecto a largo plazo totalmente encarado por fe. Advertido por Dios sobre el juicio catastrófico que vendría sobre la humanidad, recibió mandato para encabezar la construcción del arca, que anticipaba un futuro del cual no había precedentes: la destrucción del mundo por agua.

Cuando somos capaces de creer a Dios con una fe tal, que puede modificar totalmente nuestro estilo de vida, estamos demostrando que podemos presidir un proyecto de largo alcance.

Posteriormente Dios llamó a Abraham para que dejara su tierra y su parentela y fuera embajador suyo en un lugar lejano habitado por paganos. Tanto el pacto que hizo con él—de entregar el territorio a su descendencia— como las promesas de bendición, requerían una profunda fe de parte de Abraham, cosa que demostró tener al aceptar la circuncisión como señal permanente de separación (Génesis 12:1–3; 17:9–14).

Este patriarca había entrado en una relación tan estrecha con Dios que fue llamado “amigo de Dios” (Santiago 2:23) y no pensó más en la patria que había dejado, sino en la “ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Como todo hombre, tuvo sus momentos difíciles y, desanimado, se fue a Egipto (Génesis 12:10), de donde, lo mismo que su hijo Isaac, fue restaurado por Dios.

Con todo, reconocemos a Moisés como el primer líder nato. Trató de ejercer esa magistratura en Egipto utilizando la enseñanza recibida en el país, pero fracasó. La Biblia dice que: “Cuando hubo cumplido la edad de 40 años, le vino al corazón visitar a sus hermanos”, porque “él pensaba que ellos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más ellos no lo habían entendido así” (Hechos 7:23–25).

Primero vio a un egipcio que golpeaba a un hebreo y lo mató. Luego vio a dos hebreos que reñían entre sí, y los quiso pacificar, pero también fue rechazado. Dios no lo pudo bendecir porque usó el sistema egipcio de liderazgo, sin saber lo que Dios tenía para él (Éxodo 2:11–14).

Para que Dios lo pudiera utilizar, le faltaba el carácter pastoral que adquirió en la casa de Jetro, posiblemente un descendiente de Abraham (Génesis 25:2) que habitaba en Madián, un lugar entre la península de Sinaí y Arabia. Jetro, que también tenía otros nombres, era un hombre del desierto, líder de su hogar y sacerdote.

En su casa, Moisés aprendió muchas lecciones sobre el hogar, el pastoreo, el significado del desierto y el valor de estar bajo autoridad. De ese ambiente salió también su esposa, hija de Jetro, preparada para las condiciones duras del futuro.

La Biblia dice que, un día, “apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, las llevó a través del desierto hasta Horeb, monte de Dios” (Éxodo 3:1). En pocas palabras están dichas muchas cosas:

1º. El Tipo de Cuidado. “Apacentando”. Es decir, alimentando, cuidando, pastoreando, guardando, protegiendo, etcétera, a un rebaño que lo seguía confiado.

 

2º. El Dueño del Rebaño. “Las ovejas de su suegro”. Moisés sabía que aquel rebaño no era suyo, y que actuaba en calidad de administrador. No podía disponer de ninguna de ellas, debía contarlas constantemente porque estaba seguro de que un día tenía que presentarlas a su dueño.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Líder Conforme al Corazón de Dios”

Por Raúl Caballero Yocou

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