Estudios Bíblicos – Myles Munroe MOTIVACIÓN DIVINA PARA LA CREACIÓN

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No es absurdo pensar ¿por qué Dios, el Rey del cielo, querría crear hijos a su imagen y un universo visible? ¿No estaba acaso satisfecho y complacido con un Reino invisible de ángeles y potestades sobre las cuales gobernar? Creo que la respuesta a estas preguntas radica en comprender la naturaleza de Dios mismo. Hay mucho acerca de ese Ser tan asombroso y autosuficien­te que aún no sabemos, no conocemos y jamás podremos llegar a conocer, pero Él ha revelado lo suficiente de sí mismo a la humanidad como para permitirnos tener una vislumbre de algo de la magnificencia de su natura­leza y carácter.

Una de esas características es que “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). Por favor, observe que no dice que Él “tiene” amor, sino que Él “es” amor. Esa es una diferencia importante, ya que si Dios es amor, entonces sus acciones serán natural o sobrenaturalmente la manifestación de la naturaleza de ese amor. Una de las cualidades más obvias del amor es que tiene que darse y compartirse. De ser así, entonces la misma naturaleza de Dios sería desear compartir su reinado y gobierno. En esencia, el amor es pleno cuando se da y se comparte.

Es esta naturaleza inherente de amor la que motivó al Rey de los cielos a crear hijos espirituales (llamados “humanidad”) para compartir el gobierno de su Reino. En otras palabras, el hombre fue creado con el propósito de gobernar y liderar. Esa es la razón por la cual en el mensaje de Jesús, cuan­do Él describió la era del Reino de Dios y su provisión para el hombre, su indicación fue que este Reino le pertenecía al hombre antes de que la Tierra haya sido creada (Mateo 25:34). Fue idea de Dios compartir su Reino invisible con sus hijos, a los cuales Él llamó humanidad, y les dio su naturaleza y características.

EL CONCEPTO DE LA COLONIZACION

Hay otro concepto que es crucial para entender el propósito y el plan ori­ginal de Dios para el hombre y para la creación, y es el pensamiento que ha llegado a conocerse entre los hombres como “colonización”. La colo­nización es un proceso por el cual un gobierno o gobernante determina extender su reino, dominio o influencia hacia un territorio adicional, con el propósito de impactar dicho territorio por medio de su voluntad y sus deseos. El principio de la colonización es entendido como el proceso de transformar un territorio extendido para que sea igual al centro de gobierno desde el cual ha sido extendido; es decir, para manifestar la naturaleza y voluntad del gobernante en el estilo de vida, acciones, actividades y cultura del territorio.

Por lo tanto, el fundamento para apreciar la motivación creativa de Dios es comprender que su intención fue compartir su autoridad para gobernar con sus hijos espirituales, extendiendo su Reino celestial invisible a una di­mensión terrenal visible con el propósito de colonizar ese dominio a fin de que sea igual que el cielo. Génesis 1:1 dice: “Dios en el principio creó los cielos y la tierra” (el universo físico). Dios gobernó como Rey sobre un reino espiritual espacioso y espectacular que Él ya había creado. Era un mundo lleno de ángeles que estaban allí solo para servirlo y adorarlo a Él.

El libro de Génesis se inicia con la actividad de Dios en la creación del mundo físico, que sería el medioambiente en donde se manifestaría su pro­pósito eterno. Su intención era establecer su Reino en ese mundo físico, sin tener que venir Él mismo en forma visible. Los propósitos del Dios invisible serían cumplidos mediante una creación visible que era el producto de su genio creativo. Su plan sería llevado a cabo por una familia de descendien­tes que serían iguales a Él, creados exactamente a su imagen. Como sus representantes, ellos liberarían, establecerían e implementarían su Reino invisible en el mundo natural y visible. Este es el propósito original por el cual Dios creó al hombre. No fue un accidente. No fue casualidad. Sucedió mediante la planificación y preparación del gran Dios del cielo, quien, por su amor y sabiduría elaboró este asombroso plan.

Desde el principio, el plan de Dios para la humanidad se centró en el hecho de que Dios deseó tener una relación personal con el hombre y vi­ceversa. Establecer una religión jamás fue el deseo de Dios. Como dije ante­riormente, la religión es el resultado de la respuesta del hombre ante un profundo vacío espiritual en el fondo de su alma, algo que él no puede describir o identificar. La palabra religión denota un sistema de creencias, credos y adherencia a la fe o a las convicciones. Esos sistemas se manifiestan en el desarrollo de una variedad de tradiciones, rituales y prácticas cultu­rales que van desde lo más simple a lo más complejo. Cada civilización, a lo largo de la historia, ha cultivado formas de religión que sustentaron su viabilidad como entidades sociales y sirvieron como una solución para las preguntas místicas sobre la vida y la muerte.

Para muchas personas, la religión ha sido y continúa siendo una preocu­pación incansable que los distrae de los temores sin resolver del corazón humano. La necesidad de una religión en alguna forma es un fenómeno universal y es inherente al espíritu humano. Toda la humanidad, dejada a su suerte, inevitablemente desarrollará alguna forma de práctica religiosa. En muchas instancias, esto puede tomar la forma de sistemas de filosofías, teorías, ideologías, un conjunto de principios o convicciones documenta­das. Cualquiera sea la forma que adopte, el propósito es el mismo: el intento de satisfacer la indescriptible ansia espiritual que se halla en el espíritu de toda la humanidad.

Es interesante observar en los escritos antiguos del profeta y patriar­ca Moisés, que relata la creación del universo físico y de la humanidad, no encontramos el establecimiento de ningún sistema religioso formal o de ningún código de tradiciones para que el hombre siguiera o practicara.

Extracto del libro Redescubriendo el Reino

Por Myles Munroe

Lee El Nacimiento del Reino

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