Estudios Cristianos – Victoria Ante el Enemigo 2

 

Continuemos.

C. 2º Corintios 2:11. Si estamos verdaderamente sometidos al serio régimen de autori­dad que Dios ha instituido, no ignoraremos ninguna de las maquinaciones de Satanás y él no podrá ganar ventaja alguna sobre nosotros. Cuando el Espíritu Santo tenga el con­trol total de nuestra vida, descubriremos prestamente la presencia demoníaca cada vez que tal presencia sea real. Algunas veces su actividad se tace manifiesta (por ejemplo, con síntomas parecidos a los de ciertas enfermedades mentales, desdoblamiento de la personalidad, violencia, etc.), ¡pero Ud. no necesita estudiar psiquiatría para darse cuenta por que el Espíritu Santo guiará su entendimiento, si Ud. está sometido a él!

Otras veces la posesión es oculta y no se percibirá fácilmente, excepto a través del discernimiento espiritual. El ministerio de Jesús (como el de sus discípulos) demuestra que la plenitud del Espíritu en una vida produce reacciones en los demonios expuestos a su influencia (Marcos 1:21-28, Lucas 4:1, 14, 18-19 comp. con vs.31-37). No existe una “técnica” especial para “detectar” demonios. Si ellos están presentes y se sienten incómodos por la actividad del Espíritu Santo, se pondrán solos en evidencia. (Ver He­chos 16:16-18).

No los busque, pero en caso de duda investigue cuidadosamente, según lo recomendado en 1º Juan 4:1. Hay endemoniados que leen la Biblia, oran, cantan himnos y hasta parecen “ministros de justicia” (2º Corintios 11:13, 14, 15. Comparar Mateo 7:21-23). ¡Recuerde que sólo el Señor puede darle una clara percepción de la presencia de los malos espíritus, si Ud. está auténticamente sujeto a la “cadena de mando” que él instituyó!…

 

3. Reprendiendo a los Demonios en el Nombre del Señor Jesús.

A. Marcos 16:17, Lucas 9:1, Lucas 10:17-20. Todo buen creyente tiene autoridad para echar fuera demonios. Pero no puede ejercer esa autoridad si él no está sometido a la autoridad del Señor, en la manera que ya hemos explicado. (Hechos 19:13-17).

B. Mateo 17:21, Marcos 9:28-29. La oración y el verdadero ayuno (Isaías 58) deben ser una preparación habitual en todo cristiano. Pero no sirven en el momento en que hay que reprender a un demonio. La Biblia no enseña que debemos “orar” frente a un endemoniado. Cuando Jesús estaba frente a un endemoniado, no oraba por él sino que directamente ha­blaba al demonio y lo reprendía audiblemente. “¡Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él!”. La palabra de autoridad en el nombre del Señor Jesús es el único poder que el demonio obedece. Es bueno orar antes de enfrentarse con un ende­moniado, pero es incorrecto hacerlo durante el acto de liberación.

C. No conviene tratar de echar fuera demonios poniendo las manos sobre el endemoniado. En el caso de la mujer atada por Satanás durante dieciocho años (Lucas 13:10-17) el Señor Jesús primero la liberó del espíritu de enfermedad (vs.11-12) y sólo después le impuso las manos (v.13). Si Ud. intenta reprender a un demonio con la ayuda física de sus manos, engendra peligrosas reacciones físicas por la acción del espíritu inmundo en el cuerpo de su víctima. Si Ud. necesita conseguir una evidencia física, pídale al de­monio que hable, que se dé a conocer. No invoque la sangre de Jesús (esa sangre lo re­dime a Ud. y lo protege si Ud. tiene la vida plena de Cristo, pero no le sirve al demonio).

El mandamiento del Señor es que invoque el nombre de Jesús para echar fuera demonios, pero no su sangre. ¡Obedezca las instrucciones del Maestro, sometién­dose a su autoridad!… Tampoco procure que el endemoniado escupa o vomite demonios, porque eso no es bíblico. ¡Cuidado con “el festival de las arcadas!”… ¡eso podría ser diabólico! ¡No use fórmulas ajenas a la Palabra de Dios! ¡Es muy arriesgado!

D. Tampoco es correcto ungir con aceite a los endemoniados o perder largo tiempo con ellos en diversas ceremonias exóticas. Jesús nunca hizo eso. Ud. ni siquiera necesita gritarle a un demonio… Todo lo que debe hacer es ordenarle que salga y que nunca más vuelva a entrar en esa persona. No es indispensable pedir que el demonio hable, salvo que sea indispensable para estar seguro de su presencia en ese cuerpo.

Cuando se haya producido la liberación, no pierda tiempo e inmediatamente presente el Evangelio a la persona liberada, tratando de llevarla a los pies de Cristo. Recuerde que ninguna libe­ración es efectiva si no se hace en el nombre del Señor Jesús (Marcos 16:17).

Por Dr. Merril F. Unger y Dr. Lewis Sperry Chafer

Adaptado por Samuel O. Libert

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