el-evangelio-de-las-actitudesEvangelismo – El Evangelio de las Actitudes 2

 

Continuemos.

2. La Actitud Del Cristiano Frente a Las Tentaciones.

Cuando en su carta a los filipenses Pablo da testimonio acerca de su hijo espiritual Timoteo, dice algo muy importante: «Ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio» (2.22). La palabra griega traducida «méritos» es la que se usaba para hablar de la prueba de los metales. Es como si el apóstol Pablo estuviera diciendo: «Timoteo ha pasado la prueba del fuego; ya saben que es genuino. Como todos los demás, ha tenido tentaciones muy serias; pero ha pasado la prueba. La fragua de Dios ha derretido las impurezas, y ha dejado en él lo que es puro y genuino: un carácter semejante al de Jesús». ¿Se podrá decir lo mismo de nosotros?

Creo que hoy más que nunca se necesitan cristianos con el espíritu de José. Tal vez la provocativa mujer de Potifar pensó que José era un tonto al verlo escapar de sus insinua­ciones. Pero es mejor parecer tonto ante los que no respetan las leyes de Dios que quedar como un necio delante de nuestro Padre eterno. El espíritu de José no solo se aplica a las tentaciones sexuales. También se aplica muy bien a los negocios que no son totalmente claros y a las relaciones que no son completamente buenas. Resistir la tentación no es fácil. Hay que tener valor y disposición a afrontar sufrimien­tos.

En los siguientes dos pasajes bíblicos encontramos ense­ñanzas tocante a las tentaciones:

“Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendi­miento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.1-2).

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tenta­ción la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10.13).

En el pasaje de Romanos se nos dice que es nuestro deber poner la vida en el altar del sacrificio, y que al mismo tiempo tenemos el deber de no adaptarnos al sistema de cosas que el diablo maneja, sino buscar una renovación total de nuestra vida al experimentar la voluntad de Dios. En el de 1 Corintios se nos recuerda que las tentaciones que nos vienen no están por encima de nuestras posibilidades humanas. Dios es tan fiel que no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos resistir. Siempre nos muestra los dos caminos: ¡entrar o salir! Al final nosotros escogemos si entramos por la puerta de la tentación y damos lugar al pecado, o salimos por la puerta de la victoria.

Pero hay otro pasaje que tiene extraordinaria importancia: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Corintios 6.19).

Frente a este versículo caben algunas preguntas:

¿Cómo son nuestras manos? ¿Son suficientemente puras para levantarlas al Padre en adoración y extenderlas a nues­tro prójimo en obras de misericordia?

¿Cómo son nuestros pies? ¿Caminamos siempre en sende­ros de santidad por amor de su nombre? Siempre recuerdo lo que decía una santa mujer de la iglesia donde me críe: «Si Jesús no puede entrar contigo al lugar donde vas, es mejor que no entres»

¿Cómo es nuestra lengua? La lengua provoca males terri­bles. Cuando Israel salió de Egipto, pudo haber cruzado el desierto en cuarenta días, y algunos creen que dieciocho días eran suficientes; pero Israel tardó cuarenta años por causa de la murmuración. Más iglesias han sido destruidas por espíri­tus de acusación, crítica y chisme que por pecados como la inmoralidad sexual o el mal uso del dinero.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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