sueños-mas-alla-de-lo-alcanzableEvangelismo – Sueños Más Allá de lo Razonablemente Alcanzable 1

 

Todo es diferente cuando hay sueños. En cierta ocasión escuché algo que me impactó muchísi­mo: «Los límites de un ignorante están dados por lo que él conoce. Los límites de un ciego están dados por lo que él puede tocar. Los límites de un visionario están dados única­mente por el tamaño de los sueños que se atreva a tener».

¿Tiene usted sueños? ¿Los acaricia? ¿De qué tamaño son? Creo que la visión de muchos cristianos y muchos de sus líderes es que el local donde se reúne la iglesia se llene el domingo, luego tener un buen culto y que haya suficiente ofrenda para cubrir el presupuesto. Después de eso, allí nos vemos y ¡hasta la próxima semana! No me extraña que en el mundo haya tanta decadencia. ¡Hay tantos «clubes religio­sos» que no hacen ninguna mella en el metal de un mundo endurecido por la maldad!

Salomón decía que «sin visión (sin revelación, sin sueños, sin profecía) el pueblo perece». Otra traducción bíblica dice: «Sin visión el pueblo se desenfrena»; y otra agrega: «Donde no hay dirección divina el pueblo no camina en orden» (Proverbios 29.18).

 

1. La Causa de los Problemas del Mundo.

Creo que el problema del mundo no está en los políticos, ni en los gobernantes, ni tampoco en los economistas. Todos estos vienen y se van. Los gobiernos, las economías y los estilos y las modas políticas vienen con caras nuevas, con ideas nuevas, con promesas nuevas; pero de la misma manera como vienen son substituidos por otros que dicen que lo harán mejor. Pero el problema persiste, el mundo sigue igual, la sociedad no cambia, la maldad aumenta, el delito crece, el hambre sigue estando allí, la corrupción es pan de todos los días. ¿Dónde está el problema?

¡El problema está en el pueblo de Dios! Cuando en el pueblo de Dios no hay visión, no hay sueños grandes, la gente afuera se desenfrena. Yo no dije que la Iglesia se desenfrena. No, lo que digo es que cuando la Iglesia no tiene visión, el mundo de afuera se vuelve loco, no tiene control. El comportamiento del mundo no está marcado por las directrices del diablo, por más modernas o soñsticadas que estas parezcan, sino por la falta de dirección de una Iglesia que sepa de dónde viene, qué tiene y hacia dónde va. Cuando un borracho entra a una cantina a nadie le parece extraño, es normal; pero cuando un cristiano lo hace, todos se extrañan y se sienten defraudados. ¡El mundo espera que la sal sepa a sal, y que la luz alumbre! De alguna manera el mundo espera y demanda que la Iglesia sea distinta y provea dirección.

 

2. El Sueño de Jesucristo.

Cuando el boyero engancha el arado en el buey, el animal no sabe a dónde ir, ni hacer surcos rectos. Sólo se guía por instintos. El boyero, que es el que sabe, se fija un punto en el horizonte, y aunque sólo va hacia unos metros adelante, impulsa al buey como si fuera hacia el horizonte. Por eso todos los surcos le salen rectos. El boyero tiene un sueño: producir fruto de esa tierra, y lo lleva a cabo por una visión: aquel punto en el horizonte que le sirve de guía.

Jesucristo tiene un sueño: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Juan 15.16). Jesucristo nos marca un punto de visión en su horizonte por el que debemos guiamos: su Palabra que el Espíritu torna en vida dentro de cada uno que le obedece.

Nosotros, en nuestra propia fuerza y sabiduría somos impotentes, como decía Josafat el rey: «En nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros, no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos». (2 Crónicas 20.12).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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