vivr-bajo-la-presencia-de-diosEvangelismo – Vivir Bajo la Presencia de Dios 2

 

Continuemos.

3. ¿A Quién Llamará el Señor?

Yo tengo la convicción de que antes de que termine mi generación nuestros ojos van a contemplar el avivamiento más grande y la cosecha evangelística más gigantesca en toda la historia del cristianismo. Frente a esta enorme moviliza­ción del Espíritu Santo, me hago la pregunta: ¿qué clase de mujer, qué tipo de hombre usará el Señor? Y no estoy pensan­do en grandes evangelistas, ni tampoco despreciándolos ni desechándolos del Plan de Dios. Lo que tengo en mi mente y corazón es a los cristianos en todos los rincones del mundo: El ama de casa que dobla sus rodillas en intersección; el hombre que virilmente vive el cristianismo en la fábrica, en el campo o en la oficina; el estudiante que vive fielmente para Cristo en su colegio o universidad a pesar de las corrientes ideológicas adversas y las corruptas tendencias del momento.

Estoy pensando en el cristiano pobre, en el rico, en el que estudió, el de los barrios marginados y el de las grandes residencias. Estoy pensando en el cristiano que recorre los pasillos de la casa de gobierno, como en el que está preso en una cárcel. Pienso en el que sirve en el ejército o la marina de guerra, y también en el hombre que vende productos de puerta en puerta. Porque yo creo que el próximo avivamiento será un «avivamiento laico» que envolverá a toda la cristiandad.

Hemos conocido a la Iglesia como un Pueblo santo que va en marcha; también la hemos conocido como una Familia que expresa amor y unidad; y también como un Cuerpo que funciona armoniosamente. Pero ahora vamos a conocerla como un gran ejército incontenible, invencible, vestido con toda la armadura de Dios que va a pelear en el mundo por las naciones y va a ganar en el nombre de Jesús. Estoy pensando en el lector de estas páginas, no importa quién sea ni donde esté.

Si vamos a estar metidos y comprometidos hasta la médula en esta enorme visitación de Dios, levantando la gran cosecha que preparará el escenario para la Segunda Venida de Cristo, tenemos que caminar bajo la unción de la presencia de Dios.

 

4. Experiencia en la Presencia de Dios.

Cuando después de toda su tremenda tribulación, en la que pierde todo: vestido, sustento, techo y familia; donde es acosado por sus «amigos», Job por fin ve a Dios, exclama: «De oídas te había oído más ahora mis ojos te ven» (Job 42.5). «Por tanto», añadió, «me aborrezco y arrepiento en polvo y en ceniza» (42.6).

Job era un hombre justo. La Biblia dice que en su pueblo nadie era tan justo como él. Dios afirmó que no había otro como él en la tierra, «varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1.8). Pero toda aquella perfección, justicia y temor eran de origen natural. Todavía no había tenido una alta revelación de Dios. Cuando tiene tal revela­ción procede al arrepentimiento. Alabamos mucho a Job por su tremenda paciencia, pero a esta paciencia le faltaba algo: un encuentro personal con Dios. ¿Por qué Dios lleva a Job a esa situación así? ¿Será que Dios quiere maltratarlo? No. Dios quería llevarlo a un encuentro con su Señor, no apoyándose en la autojusticia de Job, sino en la gracia divina.

Creo que hay congregaciones que han desarrollado una teología que yo denomino «teología del masoquismo». Entran a la reunión con el pañuelito en la mano. Están programados para quebrantarse y viven de humillación en humillación, de llanto en llanto. Siempre se están viendo a sí mismos como basura, como escoria, como incapaces. Han inclinado la balanza de un solo lado. Sólo se ven en la cola, y no aceptan que son cabeza.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Pasión Por Las Almas”

Por Alberto Mottesi

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