principios-biblicosEvangelismo – Principios Bíblicos Para Cambiar el Clima Espiritual de Su Ciudad 4

 

Continuemos.

Un Desafío Hecho por Dios.

Cuando Jesús salió de las aguas bautismales, el Padre declaró: “Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3:22). ¿A quién le dijo estas palabras? A Jesús no, ni tampoco a Juan el Bautista. Ellos sabían bien quién era Jesús. Como no hay evidencia de que la multitud escuchó la voz, es posible que esta declaración haya sido hecha para que el diablo mismo la escuche. Dios le estaba haciendo saber al diablo que un ser humano sin pecado había invadido su reino pecador.

Esto representó una seria amenaza contra Satanás, cuyo gobierno está en el poder del pecado. Dios le recordó al diablo que él no podía influenciar a Jesús debido a su naturaleza Santa. El reino de Satanás había sido invadido, y las declaraciones de Dios fueron la marca del comienzo del enfrentamiento de todos los tiempos.

En respuesta al desafío de Dios, apareció el diablo y durante 40 días trató de controlar a Jesús tentándolo a pecar. Una vez vencido, el diablo “se apartó de Él por un tiempo” (Lucas 4:13). Tradicionalmente, hemos considerado que el próximo momento oportuno fue cuando Jesús se encontró en profunda angustia en el Jardín del Getsemaní o al día siguiente cuando estaba colgado en la cruz. Sin embargo, creo que el diablo no esperó tanto tiempo para volver a su enemigo; de hecho, estaba esperando el momento oportuno.

En el Evangelio de Lucas, leemos que los amigos y vecinos de Nazaret se volvieron contra el en una movida repentina y extraña (4:22-30), los demonios fueron liberados para desafiarlo públicamente en Capernaum (4:31-44), y los líderes religiosos intentaron crear una brecha entre Jesús y sus discípulos con sus calumnias (5:21­32).

Luego de que Jesús avergonzó a los líderes religiosos en la confrontación sobre el sábado, ellos se “llenaron de ira,” y comenzaron a conspirar en contra de Él (6:11). Fue una furia mortal la que ellos sintieron, similar a la que experimentó la multitud de Nazaret. En la superficie, la ira puede parecer ser simplemente una reacción humana y negativa. Sin embargo, su origen satánico fue expuesto cuando Jesús, poco después, acusó a los Fariseos y Escribas de homicidas a causa de su conexión directa con el diablo (Juan 8:44). Esta acusación no hizo mejorar la opinión que las autoridades tenían de Él. Las cosas iban a empeorar muy pronto.

 

Juan el Bautista fue Neutralizado.

Jesús describió a su primo Juan el Bautista como el mayor hombre que haya nacido de una mujer (Mat.11:11). Juan llegó a ser el hombre que iba delante de Jesús, preparando a las multitudes para Su venida. Sin embargo, en Lucas 7 el clima espiritual se había tornado cada vez más hostil, y Juan había sido encarcelado por Herodes por haber hablado en contra del pecado público del gobernador. Encerrado y esperando su ejecución inevitable, Juan comenzó a tener dudas. Envió a sus discípulos para cuestionar a su primo (Lucas 7:19).

 

La Naturaleza Fue Manipulada en Contra de Jesús.

En Lucas 8:22-24, el barco en el que Jesús y sus discípulos estaban navegando fue zarandeado y casi hundido por una tormenta repentina y muy severa. Los discípulos gritaron literalmente por el miedo. Estos hombres valerosos, la mayoría de ellos marineros y pescadores experimentados, se encontraban ahora sin valentía. Yo me permito sugerir que la razón fue que esta era una tormenta muy poco común, una tormenta desencadenada, o por lo menos manipu­lada, por el mismo diablo.

Cuando los discípulos despertaron a Jesús: “Él reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza” (vs.24). Bajo circunstancias normales, todo lo que el Creador necesitaba hacer era decirle al viento que amainara y a las olas que se calmaran. El hecho de que haya tenido que reprenderlos da lugar para especular y suponer que un mal sobrenatural estaba detrás de una tormenta tan fuerte.

 

Extranjeros Que se Vuelven a Jesús.

En la región de los gadarenos, Jesús confrontó no uno o unos cuantos, sino a una legión que había aterrorizado la zona habiendo poseído a un hombre de la ciudad. Jesús los echó, liberó al hombre y libertó a la región de una seria amenaza pública (Lucas 8:26-33). Lógicamente, esperamos que en vista de su liberación del terror, los del pueblo debieron haber pedido a Jesús que se quede, aunque sea para estar seguros en caso de que los demonios regresaran. Ellos debieron haber expresado gratitud a Jesús. En cambio, “le rogaron que se marchase de ellos, pues tenían gran temor” (vs.37). Una vez más, lo que pasó no tiene mucho sentido en el plano natu­ral; lo más seguro es que esta respuesta anormal haya sido también el resultado de una maldad sobrenatural.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Mi Ciudad, Ciudad de Dios”

Por Edgardo Silvoso

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