Evangelismo – Milagros, Señales, Maravillas… 1

Examinar las Escrituras es descubrir un libro lleno de mi­lagros, señales y maravillas, que comienza en Génesis y culmina en Apocalipsis. Es sumergirse en un breve recuento de los hechos más importantes realizados por un Dios sobre­natural. En un plano más humano, Jesús, el Hijo de Dios, cuya existencia aparece plasmada en la historia, anduvo por la tierra sanando a los enfermos y liberando a los cautivos, como clara señal de Su deidad. Después de Su resurrección, el hijo de Dios delegó esta misión a Sus discípulos, entregán­doles el mismo poder sobrenatural que Él ejercía. Pero esto no quedó ahí. La misión y el poder delegados se extienden hasta nosotros, los creyentes de la presente generación, para que también hagamos milagros, señales y maravillas, en Su nombre.

Jesús no ha cambiado; Él es el mismo ayer, hoy y por los si­glos. Su concepción y nacimiento por medio de una joven virgen fue un milagro. Su conocimiento y sabiduría eran un milagro que confundía a los eruditos doctores de la ley. Su ministerio era un torrente de milagros; causaba asombro y las multitudes lo seguían. Su juicio fue un milagro, ya que siendo totalmente inocente de los cargos que le imputaban, no debió haber sido condenado. El libro de los Hechos es un compendio de mila­gros, señales y maravillas, llevadas a cabo por los discípulos directos de Jesús No existe capítulo alguno que no contenga la descripción de una obra sobrenatural que ocurriera después de la resurrección de Jesús y luego que el Espíritu Santo viniera sobre los discípulos, para que le fueran testigos y proclamaran Su nombre con poder y evidencias sobrenaturales. Esto es para nosotros también.

Jesús delegó Su ministerio de milagros a la iglesia, y esto enojó a los líderes religiosos de aquel tiempo e hizo temblar al gobierno romano. Cuando descubrieron que Cristo había resu­citado y que los mismos milagros que Él hizo en vida, ahora los discípulos también los podían hacer, causó conmoción en el mundo de la época. Hoy en día, nosotros somos la continuación del ministerio de milagros de Jesús. Cuando en el cristianismo no hay milagros, nada nuevo hay que ofrecerles a los incrédu­los, excepto una religión como cualquier otra, con apariencia de piedad. Sin embargo el cristianismo es vida; es la naturaleza de Jesús manifestada a través de nosotros. La Biblia es el libro que muestra los milagros, es el récord de los principales eventos milagrosos ocurridos desde la época de los patriarcas y los héroes de la fe hasta los apóstoles.

En el Antiguo Testamento el propósito de los milagros era alejar a la gente de la adoración a dioses falsos y llevarla a adorar al único Dios verdadero. En esa época, cuando los milagro» cesaban, la gente rápidamente se volvía a otros dioses. Exac­tamente lo mismo podemos ver en los seres humanos de hoy; nada ha cambiado. Las iglesias se llenan de gente que necesita un milagro de Dios para hoy, porque mañana quieren estar en otra cosa.

 

1. Mi Experiencia con Cristo, el Hacedor de Milagros.

Sin duda, tengo una gran experiencia personal con mi amado Jesús:

  • Vi a Jesús haciendo milagros, señales y maravillas en la Palabra de Dios.
  • Vi a Jesús vivo, resucitado, real, operando mila­gros, señales y maravillas a través de otros hom­bres, en el pasado y en la actualidad.
  • Yo mismo he experimentado y sigo experimentando el ser usado para hacer milagros, señales y maravillas.

Ahora enseño, entreno y equipo a otros para que hagan lo mismo. He visto y oído las señales de primera mano. No me las contaron, yo mismo he visto a los ciegos ver, a los sordos oír, a los mudos hablar, a los paralíticos caminar, el cáncer desapa­recer, la gente con SIDA ser sanada y cualquier tipo de enfer­medad incurable ser curada; he visto crearse carne y huesos donde no los había. He presenciado milagros creativos, podero­sos, inusuales, tales como crear dientes nuevos, crecer pelo en una cabeza calva, perder peso en fracciones de segundo, y mu­chos otros. Y todo esto fue hecho en el poderoso nombre de Je­sús. Así que, no tenemos que ir hasta el tiempo de los apóstoles para ver los milagros; podemos verlos en esta era, con nuestros propios ojos. Jesús ha resucitado y sigue obrando milagros hoy. Yo lo he experimentado en más de cuarenta países del mundo, y usted también puede vivir esa experiencia.

Sabemos que Jesús está vivo, cuando lo vemos hacer los mismos milagros que hizo mientras estuvo en la tierra. Si el cristianismo que usted practica no produce ni se basa en milagros, sólo se ha unido a una religión muerta. El mundo necesita saber que Jesús resucitó de los muertos, que está vivo y hace milagros como muestra de Su amor. Uno de los mayo­res problemas de la religión es que no puede traer a Cristo al presente, al ahora; siempre habla del pasado y del futuro, pero no del presente.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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