Evangelismo – La Justificación Nos Libra de la Iniquidad 3

 

Continuemos.

El Dr. Nee también asentó en ese mismo libro: Muchas personas se llaman cristianas, pero lo que creen es filosofía, ética y doctrinas acerca de la verdad o algunos fenómenos sobrenaturales. Creer esto no produce un nuevo nacimiento, ni les concede a las personas un espíritu nuevo” (tomo 2 pg. 299 español).

Cuando se cree tan solo con la mente, podemos saber la Biblia de memoria, o recitar “el credo” y ninguna de estas cosas conlleva al nuevo nacimiento. Es el corazón el órgano de nuestra alma que se encuentra íntimamente ligado a nuestro espíritu. Y solo por medio de él es que podemos arrepentimos, para un cambio radical de vida.

 

4. Es Necesario Dejar la Antigua Forma Pecaminosa de Vivir.

El Apóstol Juan colabora lo que estamos afirmando, haciendo hincapié que ese caminar en iniquidad creyéndose justo es un terrible engaño. Recordemos que la iniquidad y la justicia se oponen radicalmente y si tuvieran que coexistir toda la vida de un supuesto creyente, éste se encontraría en un lamentable y terrible estado de juicio durante toda su existencia. Esto es porque la justicia inevitablemente juzga la iniquidad.

“Y sabéis que El apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en El,  NO PECA (no vive en la práctica de pecado); todo aquel que peca no le ha visto ni le ha conocido. Hijitos NADIE OS ENGAÑE; el que hace justicia es JUSTO, como Él es Justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios no práctica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar porque es nacido de Dios.

En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1º Juan 3:6-10).

Cuando el Hijo de Dios se manifiesta en el corazón del hombre que ha invocado su Nombre, esto tiene un efecto poderosísimo. Cristo se levantará con poder para deshacer toda la iniquidad y las obras que el diablo ha edificado en el verdadero creyente. Juan, quien entiende profundamente la acción de la divina simiente engendrada en el hombre, sabe sin lugar a dudas que la presencia de Cristo en el espíritu y en el corazón del hombre, lo mantendrá alejado de una vida de pecado. Y el diablo no podrá tocar a un hijo de Dios.

“Sabemos que todo aquel que es nacido de Dios NO PRACTICA EL PECADO, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda Y EL DIABLO NO LO PUEDE TOCAR” (1º Juan 5:18).

El evangelio es un llamado a una genuina conversión, la cual literalmente nos traslada del reino de las tinieblas a la luz. Cuando el Apóstol Pablo se convierte en el camino de Damasco, el Señor le habla muy claramente de su llamado diciéndole: “…porque para esto me he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto… librándote de tu pueblo y de los gentiles a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:í6b-18).

El mero hecho que el Señor use esta palabra “trasladar” implica un cambio de localidad. Esto significa que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Trasladar quiere decir DEJAR un lugar para dirigirme a otro. Gente que quiere estar en el mundo y en Cristo al mismo tiempo, nunca ha sido trasladada, nunca ha dejado de estar bajo la potestad de Satanás.

Es necesario que sus ojos sean abiertos, que vean la condición de su alma con relación a Dios y que decidan dejar las tinieblas, solo entonces se pueden CONVERTIR a la luz.

Extracto del libro “La Iniquidad”

De Ana Méndez Ferrel

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