los-que-dicen-ser-salvos-lo-son-realmenteEvangelismo – ¿Todos Los Que Dicen Ser Salvos, lo Son Realmente? 1

 

El verdadero evangelio, es el auténtico poder de Dios para arrancarnos de una vana, carnal e inicua manera de vivir y producir en forma genuina, nuevas criaturas poderosas en él y llenas de su gloria.

Cuando Dios empezó a traer Su unción apostólica sobre mi vida, empecé a ver cosas en la Palabra, que nunca antes había visto. El Señor empezó una auténtica reforma en mi interior para poder ser parte de la preparación de su Iglesia para Su segunda venida. Me ha hecho releer la Biblia muchas veces reestructurando verdades tan fundamentales, que anteriormente solo había aceptado en una forma pragmática de la manera que me las enseñaron. Nunca las cuestioné, hasta que la evidencia de una Iglesia hundida en pecado en su gran mayoría y el dolor que siento por ella me hicieron profundizar en la escritura en una forma diferente.

Por eso sé, porque lo vivo, que la simiente de Dios y la vida del Espíritu no se mezclan con una vida en iniquidad y en práctica de pecado.

Hoy queremos hacer herederos de las promesas de Dios a gente que jamás se ha arrepentido en forma genuina. Gente que quiere, como dice la corriente de este siglo: “lo mejor de los dos mundos”. Quieren todas las bendiciones de Dios y todos los placeres de este mundo. Hoy la Iglesia llama “hijos de Dios, nacidos de nuevo” a fornicarios y a adúlteros, a homosexuales, a tramposos, a ladrones, a gente llenos de orgullo, de pornografía, de abusos y de fraudes. Hoy les llamamos bautizados del Espíritu, a gente llena de lascivia, de engaño, a gente llena de hechicería y de idola­tría. Gente que no se toca el corazón para calumniar, para difamar y para destruir el precioso Cuerpo de Cristo.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? NO ERREÍS; ni los fornicarios, ni los idóla­tras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maledicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

Este versículo lo escribió el mismo Apóstol Pablo, quien declaró también la famosa frase de la fe: “Con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación.”

El evangelio que yo veo que predicaban los Apóstoles, conducía a la gente a cambios substanciales en sus vidas. No en forma hipotética, o una posición teológica, sino en una práctica genuina de la santidad que Jesús compró para nosotros en la cruz. La Iglesia primitiva creció en el TEMOR DE DIOS y en su Justicia. Honraron lo que Jesús hizo por ellos viviendo una vida que glorificaba a Dios.

“Y perseveraban en la doctrina de los Apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino TEMOR a toda persona” (Hechos 2:42-43).

Para ellos era claro que no se podía SER de la carne y Ser del Espíritu como hoy se cree, que se puede ser de Cristo y del mundo a la vez. Pablo hace muy clara esta distinción como parte básica de “la doctrina de los Apóstoles”:

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne, para que la JUSTICIA que es por la ley SE CUMPLIESE EN NOSOTROS, QUE NO ANDAMOS CONFORME A LA CARNE SINO CONFORME AL ESPÍRITU” (Romanos 8:3-4).

La genuina conversión traslada al creyente a una vida en el Espíritu. Note cómo en el pasaje a los Romanos que acabo de citar, la Justicia de Dios se cumple cuando dejando la vida carnal de pecado, el creyente vive ahora por el Espíritu.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Iniquidad”

De Ana Méndez Ferrel

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