los-que-dicen-ser-salvos-lo-son-realmenteEvangelismo – ¿Todos Los Que Dicen Ser Salvos, lo Son Realmente? 2

 

Continuemos.

Cuando Cristo verdaderamente entra en el espíritu del hombre, va a cambiar radicalmente la dirección de esa vida. Cristo viviendo en nosotros es una realidad espiritual que va a sacudirnos todo por dentro, nos va a romper todos los esquemas mundanos y pecaminosos. Va a tomar nuestro corazón con una fuerza poderosísima y lo va a sumergir en su luz resplandeciente. Esto va a producir en nosotros un cambio total de manera de pensar. Nuestra sed y nuestra hambre serán las cosas del cielo. Nunca más este mundo va a tener nada que nos atraiga. La simiente de vida que es Él en nosotros está llena de fuerza, de fuego, de resurrec­ción, no es cualquier simiente, es DIOS VIVIENDO EN NOSOTROS.

Si Dios está habitando en forma real a alguien, este no puede permanecer en una vida de pecado. Es demasiado poderoso lo que sucede, cuando El Creador del universo entra en el corazón del hombre.

“Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9)

Lo que está diciendo aquí el Apóstol Pablo es que la evidencia de que el Espíritu de Dios habita realmente en una persona, es que ésta vive según el Espíritu. Ha dejado su forma pecaminosa de vivir y ahora es guiada por el Espíritu de Cristo. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios estos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).

Ser guiados por Dios significa: oír su voz, en nuestra conciencia, en Su Palabra, aún en nuestros sueños o en la palabra profética que Él nos pueda hablar. Tener como ancla segura el “Temor de Dios” que viene por el Espíritu de Dios y que nos guarda en sus mandamientos y en sus caminos.

El evangelio poderoso de Jesucristo, es un llamado a seguirlo a él. No es una formulita, ni una oración en ignorancia y sin compromiso.

La salvación radica en la respuesta del hombre, al sacrificio de Cristo, entregando verdaderamente la vida, para ser transformados por su poder. Es el dejar nuestra vieja forma de vivir, para volvernos a él. Mientras esto no sea, la determinación de nuestro corazón, aún no hemos alcanzado la salvación. Podemos estar conduciendo nuestros pasos para acercarnos a ella, pero no se consumará el sello, hasta que pongamos nuestra vida en forma genuina en la cruz.

Unos deciden ir en pos de él y entregan sus vidas en forma radical, con una sencilla oración que sale de lo más profundo de su ser y son sellados en ese momento. Otros, no tan decididos se van acercando a él poco a poco, hasta que finalmente rinden sus corazones totalmente para recibir su salvación. Otros solo tienen la oportunidad de hacer una oración antes de morir y esto le es suficiente a Dios para salvarlos. Los tiempos y el corazón de cada hombre son diferentes, no podemos hacer una formula y meterlos a todos a adentro de ella.

“Los que SON DE CRISTO HAN, crucificado su carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). No dice: Van crucificando su carne poco a poco, según Dios va tratando con ellos; como se predica hoy en día.

La salvación no es el versículo de Romanos 10:8-9 aislado de la profunda comprensión del Nuevo Testamento. Es parte de una serie de verdades que lo comple­mentan y que le dan sustancia, contenido y forma. Tomarlo como una oración aislada de su verdadero signifi­cado con el fin de obtener creyentes de “Micro-ondas” para llenar la membresía de las iglesias es un error garrafal, que Dios quiere enderezar.

Dios está restaurando no solo la predicación de Su evangelio, sino también la forma de entender lo que éste significa. La forma de apreciar la perla de gran precio que él nos ha dado. La forma de vivir como cuerpo de Cristo, no vituperando Su nombre con injusticias de toda índole, sino levantándolo en la honra que él se merece, viviendo una vida santa para él.

Extracto del libro “La Iniquidad”

De Ana Méndez Ferrel

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