Guerra Espiritual – ¿Predicar u Orar?

 

Se insinúa que quizás el apóstol Pablo hiciera más por sus iglesias mediante sus oraciones que por sus escritos. Sea esto cierto o no, es probable que muchos de nosotros podamos hacer más por nues­tra gente orando que predicando, sin importar cuán excelente desde el punto de vista intelectual sea nuestra predicación.

Dedicamos años enteros a estudiar temas como historia de la iglesia, homilética, hermenéutica, bosquejos de sermones, teología, idioma y demás. Todo ello puede ser útil, pero si salimos del semina­rio sin haber aprendido a orar, sin saber que orar significa asestar el golpe vencedor y servir es reco­ger los resultados, sin entender que la oración es lo más importante que alguien pueda hacer por Dios o por el hombre, y sin que ésta constituya la ocupa­ción más importante de nuestras vidas; entonces, a pesar de todo lo bien que sepamos expresarnos, y de lo elocuentes y buenos oradores que seamos, estare­mos mal equipados para nuestra labor.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este si­glo, contra huestes espirituales de maldad en las re­giones celestes” (Efesios 6:12).

El único poder que es efectivo en esa esfera es el del Espíritu Santo, y por su propia elección, dicho poder es liberado y puesto en acción sólo por la oración y la fe de la gen­te que ora. Por eso dijo Harold O’Chester: “No em­piece más de lo que pueda saturar con oración”.

Usted puede aprender mucho mediante un estu­dio diligente y en el aula; puede ser edificado escu­chando sermones y conferencias y mirando la tele­visión y escuchando cintas de mensajes; pero los se­cretos más profundos de Dios están reservados para quienes dedican tiempo a esperar en el Señor, para aquellos que están a solas con él.

Dios tiene muchos secretos, muchas visiones espirituales, muchas re­velaciones e ideas escondidas que sólo compartirá tras largas horas de esperar en él en la cámara se­creta de la oración. Si escatimamos el tiempo que pasamos a solas con Dios y no esperamos en él, de­bemos contentarnos con seguir siendo ingenuos, inexpertos e inmaduros espiritualmente.

Si no dedicamos tiempo a estar a solas con Dios, perdemos los secretos más inestimables y valiosos de la inteligencia divina. Dios espera para compar­tir “los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” con aquellos que toman tiempo para escuchar. En nuestra vida devocional, el tiempo es esencial. Si no dedicamos tiempo a la oración, nuestra vida de­vocional será defectuosa, anémica y débil.

 

La Estrategia Más Efefctiva de Satanás.

La estrategia más efectiva que tiene Satanás para debilitar un ministerio es mantener ocupado al siervo de Dios leyendo los últimos éxitos de librería, organizando campañas evangelísticas, es­tudiando métodos eficaces para que la iglesia crez­ca, y logrando así que esté tan atareado con la ad­ministración, la visitación, el servicio social, las ac­tividades deportivas, el aconsejar, y apagar los fue­gos de oposición y crítica, que su vida devocional se muera de hambre.

El activismo tiene su lugar, pero dicho lugar está después de la oración. Como dijo Gordon: “Usted puede hacer algo más que orar después de haber orado, pero no hasta que lo haya hecho”.

Pocos de nosotros creemos de verdad en nues­tros corazones que la oración pertenece al terreno de la acción. Muchos estamos convencidos de que la acción se encuentra en un intelecto brillante y pulido, en la erudición, en la lógica y en el razona­miento perfecto; también en la sicología, en la fa­cilidad de pensamiento y de palabra, en la retórica clara.

Otros creen que está en el magnetismo perso­nal, o en la habilidad para organizar, en la pericia ejecutiva, en la agudeza en los negocios, el servicio social o el liderazgo comunitario.

No estoy intentando desacreditar a ninguna de estas cosas; todas ellas pueden ser provechosas y contribuir al éxito de un ministerio. Maclaren dice que si Dios no puede usar nuestra sabiduría, menos aún nuestra ignorancia. Pero en la batalla que estamos librando contra las personalidades espiri­tuales malvadas es eficaz únicamente mediante el poder sobrenatural del Espíritu Santo que sólo se pone en acción por medio de la oración de fe. De nuevo cito aquí a S. D. Gordon: “Orar es asestar el golpe ganador, servir es recoger los resultados”.

Extracto del libro “Destinados a Vencer”

Por Paul E. Billheimer

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